UNA GOTA DE SANGRE

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-Llévate mi corazón contigo, así no te extrañará tanto-, le dijo Kazuo.

Natzuki lo observó atentamente, conteniendo la sed de sangre que él le provocaba. Tenía que alejarse de él para evitar hacerle daño, pero Kazuo la abrazaba firmemente por la espalda.

Ella cerró los ojos para apoyar su cabeza sobre el pecho de Kazuo. El latir de su corazón era un agradable sonido que llenaba a Natzuki de deseo que apenas podía controlar.

-Déjame ir-, suplicaba Natzuki, sin embargo, a cada súplica que ella hacía, Kazuo la sostenía más y más contra él.

La sed llegó a ser tan feroz que Natzuki se deshizo del abrazo de Kazuo, lastimándolo.

Una pequeña herida en la mano de Kazuo hizo brotar su sangre. Natsuki se llenó del aroma que despedía aquella herida, pero la dulce mirada de él le impedía tomar su mano y beber.

Haciendo un terrible esfuerzo para no saltar sobre él, aprovechó la sombra que una nube causó al pasar frente la Luna, para escabullirse entre las sombras y alejarse de él.

No importaba cuánto se alejara, el aroma de la sangre de Kazuo seguía en la memoria de Natzuki. Pese a ello, ella prefirió satisfacer su sed lejos de ély así evitar dañar al joven que tanto amaba.

Tras sentirse satisfecha, Natzuki regresó a casa. La soledad en la que se encontraba le daba una sensación de paz. Hacía tantos siglos que había despertado en el más absoluto abandono, sin saber su nombre o la causa por la cual necesitaba beber sangre para sobrevivir.

Kazuo era el primer hombre que había traspasado la frontera de su soledad para instalarse en su corazón, por ello mismo, quería evitar dañarlo, así que le ocultaba su naturaleza vampírica. No obstante, pese a la resistencia de Natzuki, Kazuo se acercaba cada vez más a ella, al grado de hacerle difícil la separación de cada día.

Estaba sumida en esos pensamientos cuando escuchó el timbre de la puerta. Al abrirla, encontró a Kazuo envuelto en un aura de desasosiego.

-Necesito de ti-, dijo Kazuo entre susurros. -Necesito estar contigo.

La sed de sangre la invadió de forma atroz, pero esta vez, entendió la necesidad de Kazuo de estar ahí, así que, dejándose llevar por el deseo, tomo a Kazuo entre sus brazos para prodigarle las caricias que su cuerpo le dictaba.

Natzuki lo cabalgaba, sintiendo en su interior el dulce calor de Kazuo… un beso, una caricia más y Kazuo la llenaba de él, mientras ella se estremecía entre estertores de placer que le hicieron rasgar el cuello de Kazuo con una de sus uñas.

Una sola gota de sangre y Natzuki supo que el corazón de Kazuo era suyo…

De tajo, abrió el pecho de él, encontrando su corazón, el cual tomó entre sus manos para prodigarle besos y sin más, beber de él, frente a la atónita mirada de Kazuo que lentamente fallecía.

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