UNA CRÓNICA TRISTE

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kaname

~A ti, una crónica triste~

Sora sempai observaba la rosa que tenía entre sus manos. Un hilillo de sangre se percibía corriendo suavemente en sus manos. Yo lo observaba atentamente, guardando los suspiros que su imagen triste me provocaba.

Hacía tanto tiempo que observaba a Sora sempai… tanto tiempo que pareciera que siempre había sido así. Su triste mirada se confundía con la mirada de la esperanza, aunque en conjunto con su bello rostro no había forma de pensar que pudiera estar triste en alguna ocasión.

Ya fuera su figura varonil, el aspecto de su rostro o el hecho de que Sora sempai siempre parecía ajeno a todo lo que le rodeaba, como envuelto en un halo de misticismo, hizo que las demás chicas del instituto no dejaran de perseguirlo desde el primer momento que pisó el salón de clases.

No hace mucho veía a Sora sempai rodeado de chicas que intentaban hablar con él de tantos temas como creyeran podrían interesarle; y así, poco a poco, algunas de esas chicas irremediablemente se encontraban enamoradas de él.

Más, tan pocas de ellas habían sido especiales para él. Cuando alguna chica tocaba el corazón de Sora sempai, esa mirada triste parecía jovial y sus sonrisas llenaban el lugar al que fuera, pero eso nunca duraba demasiado…

El tiempo de crisis comenzó cuando el primer suicidio se cometió. Una de las chicas del instituto, cegada por el amor (según su nota), había amado en vano y en silencio a Sora sempai y como sabía que no tenía ninguna oportunidad, su vida no tenía sentido.

Así, poco a poco, las muertes entre las chicas del instituto se hicieron comunes; para evitarlo, Sora sempai fue aislado, prohibiendo a la comunidad femenina que se acercara a él.

Era por ello que ahora Sora sempai se encontrara más solo que de costumbre. Yo seguía observándolo, fuera por amor o por curiosidad, no podía apartar mi mirada de él, aunque Takeshi sempai siempre se encontrara cerca para tratar de evitar verlo una y otra vez.

Takeshi sempai parecía tan diferente de Sora sempai; siempre tarareaba alguna canción o se divertía con los demás chicos jugando basquetbol, además de que se burlaba de Sora sempai, diciendo que pese a sus finas maneras y encanto con las chicas no era más que un alma fría que causaba daño.

Una fría noche de otoño, me dirigí a la biblioteca; estaba abriendo la puerta principal cuando vi a Sora sempai hablando con Haruka, una compañera de mi clase. Haruka lloraba y rogaba a Sora sempai aceptara el amor que ella le ofrecía.

Sora sempai, tras un minuto de silencio, lanzó a Haruka la mirada más fría que hubiera podido ver, diciéndole que no le interesaba estar con ella, que lo dejara solo, apartándose de ella con brusquedad para internarse y cerrar la puerta interior de la biblioteca.

Me encontraba aturdida, escuchaba llorar a Haruka con una terrible desesperación que fue mayor al gritar a Sora sempai que sin él su vida perdería. No hubo respuesta en el interior de la biblioteca, por ello, en ágil movimiento Haruka alzaba un cuchillo clavándoselo en el vientre.

Al ver lo que Haruka hacía, corrí hacia ella, para llegar en el preciso instante en que su cuerpo tocaba el suelo. Desesperada toqué la puerta tras la que Sora sempai se había internado pidiendo auxilio. Haruka se desangraba entre mis manos y parecía que nadie vendría en mi auxilio.

La puerta exterior crujió dejando entrar una helada brisa y con ella a Takeshi sempai con su grupo de amigos. Con rapidez, Takeshi sempai me apartó de Haruka, y entre el sonido de fuertes pisadas la llevaron a la enfermería.

Yo me quedé en el suelo, con la sangre de Haruka en mis manos y ropa. Sentí algo tibio resbalando por mis mejillas y fue sólo hasta que las lágrimas cayeron en mis manos que noté que estaba llorando.

Observé mis manos llenas de sangre ser bañadas por el transparente líquido. La tristeza comenzó a colarse poco a poco en mi pecho hasta provocar un terrible dolor, ya que la desolación quería ocupar el lugar de mi corazón.

Al ponerme de pie, sólo pensaba que Sora sempai se encontraba del otro lado de la puerta, ajeno a todo lo que había pasado o al menos, indiferente a lo que hubiera podido escuchar.

Azoté la puerta, encontrando a Sora sempai frente a una de las amplias ventanas de la habitación. La tristeza que me consumía fue entonces ira y me abalancé contra él dejando un rasguño en su bello rostro, pero, aunque intentara acercarme más para dañarlo, Takeshi sempai me tomaba de la cintura para evitarlo.

-Él no tiene la culpa, Yuki-, dijo Takeshi sempai. -Ellas se dañan por su propia decisión. Yuki, intentas dañarlo, pero eso no cambiará nada.

Sora sempai me miraba con una mezcla de temor y odio que no podía entender. Poco a poco dejé de ver la figura de Sora sempai para encontrar el rostro de Takeshi sempai cerca del mío y así, la tristeza y rabia que me embargaban, lentamente se sustituyeron por leve calidez que emanaba del cuerpo de Takeshi sempai.

Lancé una última mirada de lástima a Sora sempai y de la mano de Takeshi sempai salí a respirar el frío viento de la noche.

Un abrazo de Takeshi sempai me cubrió del frío y su voz llenó mis oídos de calma al pedirme que aceptara que había cosas que no podía cambiar… aunque una duda quedó en mi corazón. Una duda que pendía de la mirada de Sora sempai, pues quería ver si había más que tristeza u odio en lo profundo de sus ojos…

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