ESPECTRO

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velha-fantasma

Sentí en mi espalda la fría brisa que se colaba a la habitación. Ninguna ventana se encontraba abierta, así que la brisa provenía del piso superior.

-Mamá, una ventana está abierta allá arriba-, grité a mi madre que se encontraba en su habitación.

-¡No puedo cerrarla!-, gritó mi madre con tono desesperado. Necesito que subas a ayudarme.

Subí las escaleras y entré a su habitación que se hallaba en penumbras. Intenté prender la luz, pero el foco parecía fundido. Con los ojos ya ambientados a la oscuridad, vi a mi madre que estaba contra la pared contraria a la ventana, sin dejar de observar a la misma.

-Ha vuelto a pasar-, me dijo en tono grave. -No puedo cerrar la ventana, no me permite ni acercarme a ella.

Al escucharla, mi piel se erizó. Ya sabía a qué se refería. Temblando me acerqué a la ventana y ahí lo encontré, su piel ensangrentada y tajada apenas podía distinguirse en la oscuridad, así como sus ojos, completamente negros que combinaban con la ropa en jirones que le vestía.

Lentamente, tomé la manija de la ventana para deslizarla suavemente y así, asegurarla. Al hacerlo, eso que flotaba afuera se acercó al quicio de la ventana. Estaba tan cerca de mí, apenas separados por el cristal.

<<¿Qué quieres?>>, quería preguntarle, pero mi boca apenas podía emitir un sonido. La vez anterior que habíamos visto a esa cosa, me había sucedido lo mismo. <<¿Quién eres>>, seguía intentando preguntar.

Me aparté de la ventana tan sólo para ver, que aquél espectro que siempre se había mantenido fuera de la casa, entraba a ella atravesando la ventana. Ni mi madre ni yo emitimos ningún grito, al menos, mis labios seguían paralizados aunque tratara de que no fueran así.

-Sal de aquí-, ordenó mi madre.

Sin que me lo volviera a ordenar, me dirigí a la planta baja. Donde finalmente pude emitir mi voz, para advertir a mis hermanas que ese espectro se encontraba en la casa. El miedo se dibujó en el rostro de ambas, pues ya habían visto ellas, en incontables veces a aquél espectro fuera de la casa, tan sólo observando.

Al unísono ambas gritaron y volví a quedarme sin voz. Una fría mano tocó mi hombro derecho. Sabía que era el espectro.

-Está aquí por ti-, explicó mi madre desde la escalera. -Quiere estar cerca de ti.

<<¿Por qué?>>, quería preguntarle, pero no podía. Su áspera y fría mano rozó mi mejilla y sin más, se escabulló tras la puerta principal de la casa.

-Estará cerca de ti-, volvió a decir mi madre. -Intenta hablar con él. Conmigo no quiere, pero ha dicho que quiere y debe estar cerca de ti. Y si no podemos saber qué quiere seguirá atado a ti por siempre.

Entre el miedo y la histeria me llené de lágrimas. No podía hablar con esa cosa, su sola presencia congelaba mis labios. Hablaba aterrada maldiciendo a aquél ser, cuando mi voz desapareció y una mano siniestra se acercó a mi mejilla para limpiar las lágrimas que en ella corrían.

Cerré los ojos. Mi cuerpo temblaba en extremo. <<¿Qué quieres?>>, intentaba preguntar una y otra vez… pero todo era inútil. Acepté en silencio la presencia de aquél ser hasta que pudiera saber la causa de su presencia o por siempre estaría cerca de mí.

 

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