Month: June 2015

SUDOR

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“El espejo me devolvía nuestro reflejo. Él abrazaba mi cintura mientras su boca recorría mi cuello, yo le sonreía al espejo al sentir las mariposas que revoloteaban en todo mi cuerpo, sentía el calor de su piel y las ganas se apoderaban cada vez más de mí.

Con pronto inquietud, él comenzó a desabotonar el vestido que llevaba y tras hacerlo, me llevó a la cama. Sus dedos suavemente recorrieron mis brazos, mis piernas, mis senos, hasta llegar a mi vientre. Lentamente quitó la lencería que aún me cubría; sus labios siguieron lo hecho por sus dedos, dejando un rastro ligeramente húmero en mi piel.

Al llegar al vientre, clavó su mirada en la mía y poco a poco su boca se dirigió a mi cadera donde volcó toda su atención. Su lengua bajaba y subía provocándome espasmos de delicioso placer. De pronto, mis piernas se elevaron sobre sus hombros y así sentí la proximidad de su sexo contra el mío.

Lentamente, centímetro a centímetro, me sentí invadida por él.. El movimiento de sus caderas fue lento hasta encontrarse totalmente dentro de mí y después, la danza que hacía era parsimoniosa, provocándome aún más con su lengua que buscaba la mía dentro de mi boca.

Me sumí en las sensaciones que me producía, sintiéndome compenetrada con él, satisfecha con cada movimiento. Sentí entonces los indicios de un orgasmo que se aproximaba, mi cuerpo se tensaba y los gemidos de él en mi oído eran cada vez más fuertes.

Súbitamente, el teléfono de la habitación sonó…”

Dos, tres timbrazos, que me hicieron despertar de la maravillosa fantasía que estaba teniendo y me descubrí frente a la mesa sobre la cual se enfriaba el café que había pedido. Mi celular no dejaba de vibrar pues estaba recibiendo algunos mensajes.

No podré ir.

Me han cambiado los planes.

Te veré cuando regrese.

Un abrazo.

Al ver los mensajes sonreí. No había necesidad de contestarlos. Pagué la cuenta y tras salir del restaurante borré su número de teléfono y me dirigí a casa, satisfecha por la tarde que había transcurrido en mi fantasía en sus brazos, pues era la mejor despedida que le habría podido dar.

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SABES QUIEN ES ELLA…

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El sol de esa calurosa tarde de verano llenaba con luz el departamento. Mis primos iban de aquí a allá bromeando, mientras mi abuelita, en la cocina, nos preparaba algo para comer. Las risas no faltaban, ni mucho menos el cariño que se sentía flotar en el aire.

Así, con ternura, uno a uno, mis primos se despidieron de mí con un fuerte abrazo, pues llevarían a mi abuelita a una función de teatro y yo, como una huraña feliz, preferí quedarme en el departamento.

El departamento donde vivía mi abuelita se encontraba en un edificio de lujo que había sido remodelado tras el gran sismo del ’85, estaba bellamente decorado en cada espacio y la luz entraba a raudales por las ventanas, aunque, como era costumbre en nuestra familia, las historias de fantasmas sobre ese lugar no faltaban.

Mis primos, tíos y tías, afirmaban que había alguien que rondaba aquél departamento, lo que por supuesto recordé al encontrarme sola en ese amplio lugar, sin embargo, para hacer menores mis miedos, una vez que el sol empezaba a ocultarse, prendí las luces de las habitaciones, así como la televisión, frente a la cual me postré para ver una película.

El sol crepuscular daba una coloración rojiza a los pasillos y tras las ventanas las luces de la ciudad se mostraban, lo que era una increíble visión de la gran ciudad, paisaje que perdió mi atención por adentrarme en la película romántica que veía.

De pronto, un extraño sonido llamó mi atención, caminé hacia las habitaciones que por supuesto aún tenían la luz prendida y no observé nada fuera de lugar, así que me regresé al sillón donde estaba. Tras unos minutos el mismo ruido escuchado se presentó a mi espalda, y con cierto temor, fui hacia el comedor y la cocina, donde tampoco encontré algo que llamara mi atención, más, al regresar a la sala, la vi… era una pequeña niña de unos 7 u 8 años con blanco vestido que brincaba cerca del sillón donde estaba previamente.

Sentí cómo mi piel se erizaba… no conocía a esa niña. Tras unos segundos de brincar alrededor del sillón, la niña se detuvo abruptamente para voltear a verme y dedicarme una sonrisa mientras me ofrecía una de sus manos. Me acerqué lentamente con torpeza, pues sentía el miedo recorriendo mi espina dorsal.

-Hola-, me dijo. ¿No quieres jugar?

Y tras decirme eso corrió hacia las habitaciones donde la perdí de vista. Tomando algo de valor, fui tras ella, pero las habitaciones estaban vacías.

Me quedé absorta en el pasillo observando las entradas a las cuatro habitaciones. “Al menos hay luz en ellas”, dije para mis adentros, cuando la luz en la habitación más lejana se apagó, lo que me hizo dar un paso atrás; otra luz en ellas se apagó, lo que volvió a hacerme retroceder y al hacerlo, encontré a mi espalda a la niña.

-¡Aquí estás!-, me dijo. ¿Jugarás?

-Ya sé quién eres-, le dije algo nerviosa. -Eres el fantasma que ronda la casa. Si enciendes las luces te dejaré quedarte.

-No he sido yo quien las apagó-, me dijo con total seguridad y tras hacerlo, las luces de las otras dos habitaciones restantes se apagaron, a lo que siguieron los focos del pasillo que poco a poco cedieron a la oscuridad. En acto reflejo, retrocedí hasta llegar a la sala, sin embargo, la oscuridad no se detuvo en el pasillo, poco a poco la luz en todo el departamento se extinguió.

La única luz existente provenía de la televisión donde seguía transmitiéndose la película que veía.

-Te dije que no había sido yo. Ella lo ha hecho y tú sabes quién es ella-, dijo la niña fantasma a mi izquierda en tanto la pantalla se transformaba en una jaula de donde escapaban lenguas de oscuridad y fuego.

El miedo me envolvió totalmente y me hizo salir despavorida del departamento para encontrarme con que las escaleras ya no existían, sino que eran una especie de rampas lúgubres en las que, si perdía el equilibrio, perdería también la vida.

Con sumo esfuerzo y cuidado bajé los cuatro pisos que me separaban de la salida del edificio. Fuera de él, la vida reinaba con total normalidad.

Me abracé y al mismo instante sentí unas intensas náuseas que me hicieron sentarme en la acera. La vida allí afuera transcurría de forma natural, pero dentro del edificio todo había cambiado… comencé a reír desesperadamente mientras caían de mis ojos algunas lágrimas.

“Tú sabes quién es ella”, recordaba una y otra vez lo dicho por la niña, pero ¡Dios! ¿Cómo podría conocer a “alguien” así? ¿Cómo podría conocer a alguien que parecía provenir del mismo infierno?

Mis preguntas seguían en el aire al igual que yo en la calle, esperando a mis primos y abuelita para volver a entrar a ese lugar.

PEDAZOS DE MÍ

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Perdona si me quiero ir.
Perdona por querer romper nuestra historia.
Es que ya la espera se me ha hecho larga,
y las heridas no se cuentan en mi alma.
Te gusta mucho el amor con dolor,
el placebo de lo utópico,
yo prefiero la realidad tan cruda
que sangre al morderla.
Y te amo,
yo te juro que te amo,
pero no es lo mismo
amar y comprender,
y yo ya comprendí que
hay amores cuyos destinos
no están hechos para reunirse.
Así que te dejo con tu historia,
no necesitas de mí para continuar.
Tú ya sabes cómo ser feliz,
tú ya sabes volar con tus
propias alas.
Yo me encargué
de que aprendieras.
Una cosa ten por segura,
en mi alma y corazón
siempre habrá un espacio
para ti, para tus caricias,
tus besos y tus lágrimas.
Llevaré tu nombre marcado
por todo mi cuerpo con
tinta indeleble, y toda mujer
después de ti sabrá
que no le pertenezco
que sólo es capaz de poseer
pedazos de mí.
Pedazos De Mí, Marcos J. Ramírez

INSOMNIOS

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Somos de esos insomnios que se consumen ante una hoja blanca,

con las volutas de un cigarrillo que vuelan hacia la Luna.

Somos de esos insomnios que son eternos cómplices de un amor no correspondido,

que dejamos crecer las noches de historias imaginarias en unos brazos que no nos tocarán,

y que sucumbirán ante el fragor de la derrota previamente anunciada.

Somos de esos insomnios que tienen máscaras,

que ocultan su verdad,

justo ahí, donde nadie puede tocarla,

donde el corazón no se lastima y late brioso,

donde nadie corrompe la frágil ilusión de un amor sin dueño.

Somos de esos insomnios que se conocen más de la cuenta

que ya saben para donde van de antemano,

que no hay mucha sorpresa en el camino previsto,

pero que esperan, más, no siempre desean,

la respuesta que tendrán.

Somos de esos insomnios poco entendidos que se consuelan con el amor propio,

mal, mal amor propio que nos lastima y place al mismo tiempo,

pero somos de esos amores que quizá se olvidan,

que quizá nunca se nombran,

que quizá nunca se sepan,

pero que laten con fuerza

hasta decir adiós,

el adiós que siempre ha de llegar.

EN EL INVIERNO

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A la locura inconfesable.

Y en mis noches de invierno,

volverá el calor veraniego de este amor sin confesar,

recordaré en mis labios los besos que no nos dimos,

escaparán los abrazos que en mis noches de locura,

te daba sin premura alguna al apagar la luz,

confesaré las bajas intenciones de esta pasión,

que no tuvo destino en tu cuerpo.

Será en mis noches previas a la muerte,

en las que veré tus ojos negros dibujándome la silueta,

sentirán mis manos tu tersa piel que jamás mancillé,

y pensaré en ti y tu nombre que con delirio jamás nombré.