UNA NOCHE DE LLUVIA ~RELATO~

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En esta noche de lluvia mi cuerpo tibio se aproximaba al suyo.

-Acércate, muéstrame el cuerpo donde he de morir-, dijo a media voz en tanto comenzaba a temblar.

La leve promesa del placer hizo que la humedad iniciara, propagándose en la lencería que me cubría, al tiempo que la cordura me abandonaba por las ganas de mezclarme en su sudor y simiente. Ofrece su mano y yo, en tímido paso, me acerco más a él.

Con fuerza su mano rodea mi cintura, su boca deja un largo camino de besos en mi cuello para descubrir después lo que oculta el ligero sostén que aparta con premura. Sus manos apenas rozan mis pezones, su respiración se agita en conjunción con la mía, su deseo se traduce en volcánicas caricias que me hacen hervir en deseo.

Me lleva a la cama con lentitud, desprendiéndome a la última prenda que me cubría y frente a mí él se desviste, exponiendo ante mis ojos el falo erguido que ha de explorarme.

Siento la humedad que escurre entre mis piernas, humedad que se confunde con la de su lengua que violentamente se ha puesto a la conquista de mis labios. Mis piernas sobre sus hombros tiemblan ligeramente, de mi boca escapan gemidos leves de placer. Recorren sus manos cada porción de mi cuerpo y su boca provoca una mayor tempestad en la cual me hundo.

Te nombro, me nombras y dejamos de ser para convertirnos en una noche de lluvia, lluvia que amenaza con inundar nuestros cuerpos. Siento mi cuerpo vibrar y antes de emprender el vuelo al cielo, su boca se aleja de mí, para que reciba su sexo.

Nos convertimos en vaivén, danza suave que se realiza sobre la cama. Con fuerza sostiene mis caderas, explorando a mayor profundidad mi cuerpo. Pido más, estallando en placer. Mis contracciones lo elevan, provocando se derrame en mi interior.

Se vence sobre mi cuerpo, perlado en sudor. Escucho el latir punzante de los sentidos que se confunde con la lluvia en el exterior y me abrazo a su pecho.

Temo susurrar su nombre. Temo que parta y que termine olvidándome. Temo que la lluvia termine y salga por la puerta sin volver jamás.

Momentos de tranquilidad que se hacen pocos, pues sus manos acarician mi espalda. Con fuerza me sujeta y me abraza, colocándome sobre sí.

-Cabálgame-, pide mientras siento su falo nuevamente endurecido descubriendo de nueva cuenta mi interior.

Dicto el ritmo de los movimientos, lo cabalgo a profundidad, exponiéndome a la negra noche y a su tempestad. Mi cuerpo tiembla, de mi boca escapan palabras que apenas puedo pensar. Me hago presa del cazador, aunque pretendía no morir una vez más, no me contengo y entre sus manos caigo en espiral.

El placer me hace gritar. Sus manos ahora controlan mis caderas llevándome un poco más allá del límite y su voz se convierte en aullido al verterse otra vez.

Nuestras miradas se cruzan y me abraza con fuerza a su pecho llamándome suya. Suya he sido desde el momento

en que la lluvia comenzó en mi cuerpo, desde que la noche inició.

En silencio me aprieta a él. La noche termina y quizá con ella se acabe este placer, aunque con esperanza sueño que volverá una vez más a mí.

Cierro los ojos escuchando su latir y me sonrío al escuchar que conmigo se quedará.

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