Month: August 2015

CUANDO LLUEVE

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Cuando llueve,

escucha bien,

la voz de la muerte

que se cierne sobre ti.

No es de temer,

ella solo avisa,

por quien ha de venir.

Presta oído al trueno,

cuya voz retumba en el cielo,

un eco sordo escucharás,

es la muerte que viene detrás.

No hay escapatoria,

el final siempre llegará.

Tarde o temprano,

listo o no,

a cada uno llevará,

más, antes de un crudo final,

su voz en el cielo anunciará.

No me creas,

ya lo escucharás.

INSIDE

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Ya no recuerdo cómo te conocí, pero llevo en la mirada la certeza de que tus labios eran para mí.
Esa tarde, tu mirada avellana se clavó en la mía, sentía el rubor en las mejillas, que imagino no pude ocultar.
¡Cómo deseaba beber de tus labios!
Imaginé el desnudarme frente a ti y estrenar mi escritorio en el oculto arte de hacer el amor, pero me resistí y tomé la mano que se me ofrecía para ir contigo.
El sol brillaba sobre tu morena tez. Devoraba con la mirada tu perfil que mantenía su atención sobre el camino.
Detuviste el coche donde no pudiera darnos el sol y así, sin más me acerqué a ti para probar tus labios… tus manos ávidas buscaron bajo mi blusa el broche del sostén.
¿Recuerdas que no pudiste quitármelo? Fui yo quien ingeniosamente me desafané de él frente a tus ojos. Un beso más y tus manos buscaron desabotonar un poco la blusa.
¿Sabes? Ya no podía evitarlo, por eso mis manos buscaron tu falo sobre el pantalón… quizá si hubiera sido más atrevida lo hubiera desabrochado para penetrarme, así, sin más, pero me detuvo el que pudieran vernos a pesar de estar en un lugar apartado.
Tus labios eran inquietos, se prendieron de mis labios, bajando al cuello y de ahí, aprovechando el escote, tomaste entre tus labios mis senos, uno a uno. Te veía succionar mi pezón y no podía evitar leves gemidos.
En tu mirada había picardía, misma que aprovechaste para pedirme me desabrochara el pantalón que llevaba. Me recosté en el asiento y sentí tu lengua sobre mi pubis, la succión de tus labios y  la búsqueda de mi clítoris para comerlo.
Tenía miedo de que nos vieran, lo que quizá aumentaba el placer que me provocabas.
Abriste tu pantalón dejando a la vista tu sexo erguido para penetrarme despacio… era tuya a cada instante y cómo deseaba gritarlo. No quería que te separaras de mí, pero mi boca se hacía agua y tú deseabas mis labios en tu falo.
Mi lengua descubrió el prepucio y en él lo que había quedado de mi humedad. Lentamente lo cubría con mis labios, intentaba comerte entero. Mi cabeza bajaba y subía; me deleitaba con tu salado sabor y con los leves gemidos que emitías.
Tus manos sobre mi cabeza marcaban el ritmo de mi boca, así, poco a poco aumentaba la intensidad en la succión en mis labios. Tu voz entrecortada pidiéndome comiera todo me avisó el orgasmo que tendrías; poco a poco tu semilla quedaba en mi boca y al sentir que se llenaba de ti, tragué todo, diseminándose tu sabor en mi garganta.
Después, una leve succión de mis labios, te hizo volver a gemir, quedando exhausto, con los ojos cerrados en el asiento.
Si pudieras saber, que no es sólo deseo el que me haces sentir, pues al verte así, mi corazón estallaba de ternura.
¿Qué importaba si nos habían visto? Había bebido de ti y eso me hacía esperar una nueva ocasión para tenerte entre mis brazos.

ESTA NOCHE

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Esta noche escribo por rebeldía, así sin más, con las ganas de desobedecer las absurdas manías o el ego de alguien más, por darme un gusto y hacerle un reproche al deber.

Esta noche, quiero hablar de mí, como si nunca lo hiciera, como si nunca, en cada palabra dulce disfrazara una amarga verdad o en una frase de ilusión, dejara velada una esquirla de cruel realidad y pocos sabrán entender que bajo la descripción de un amor de ensueño yacen las ganas de morder la almohada entre sudores, estertores y gemidos.

Me gustan las apariencias que engañan, lo he dicho una y otra vez.

Puedo o no ser la princesa dulce del cuento, pero la verdad se esconde entre cuatro paredes y quizá ni siquiera en un espacio tan gigantesco, sino en la profundidad de mi pensamiento.

La melancolía puede invadir cada una de mis letras, pero en el fondo, sería el hastío o el cansancio que me obligan a escribir así; puedo describir un beso, un puro y casto beso, cuando en realidad he pensado en el más negro de ellos.

Y no, no digan que pueden conocerme, creo que sólo aquél que me mira a los ojos, que ha visto lo que mi mirada dice, puede saber.

Y ahora justamente, pienso en ti, porque no sé si yo soy quien se ha atado a ti para tenerte, para beber de tus labios cada día, para disfrutar de tus palabras, de tus hechos, de tu tacto; o has sido tú quien se ha abrazado a mí…

Algún día me leerás y como muchas personas más no podrás entender nada, quizá tan sólo un poco de lo que son mis manías, mis locuras y mis desvelos, cuando lo hagas, dímelo, porque por ahora tu opinión es una de las que más me importan.

SEA O NO REPROCHE

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“Inspiras contradicciones, sutilezas al saborear tus desnudeces y violentos fragores al toque de tu vibrante piel.”

Leí tu mensaje una y otra vez recordando tu sabor entre mis labios y la extraña forma en que cuando más quería alcanzarte más te alejabas.

A veces pienso que me agrada sentirme rechazada de esa forma y por eso, obstinadamente te busco.

¿Pero es necesario seguir si sientes tanto miedo de lanzarte a volar?

Sea o no reproche, ahora pienso en ti y en que no quiero que mi mano sea la que te llegue a dañar, sin embargo… nos quedan tres puntos suspensivos que ya nos dirán como este cuento terminará.

MAÑANA

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Mañana he de verle. Pienso en la forma en que me vestiré para provocarlo, pero a la vez, el temor surge. Él me verá y me dejará pasar como tantas ocasiones antes y entonces, aparece el sórdido “¿por qué?” ¿Por qué me preocupo en parecer hermosa ante él? ¿Por qué deseo escuchar su voz? ¿Por qué deseo perderme en sus ojos y besar sus labios? Y no hay ninguna respuesta para ello.

Aún sigo pensando que él se atreverá a tomarme sin importarle ninguna consecuencia, pero no es verdad, conozco su sonrisa tímida de un “lo lamento” y es así, más él no lo lamentará, seré yo quien se sienta frustrada por soñar con un nuevo momento entre sus brazos.

ALAS DE CUERVO

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CAPÍTULO UNO

 

-Las personas, a pesar de nuestro caos interno-, decía Richarson a la prensa, -somos entes meramente lógicos que actuamos conforme a patrones que han sido diseñados por nuestra educación o la falta de ella. Y ninguno de estos patrones conduce a la autodestrucción, a menos que existan factores psiquiatricos o fisiológicos que lo determinen, por ello, a través de la probabilidad se establecen las líneas de actuación de los delincuentes lo que hace factible su detención. Es diseñar un perfil para cada persona, pero lo interesante es poner ese perfil dentro de la rutina cotidiana y saber así qué hará el delincuente.

-¿No cree que eso sea soberbio? ¿Nos dirá que puede ver el futuro?- preguntó un joven que apenas sostenía la grabadora pues llevaba dos panecillos en la mano.

Richardson sonrió ante la pinta de pobre que tenía aquél reportero.

-A veces es difícil debido a los pocos datos con que podamos contar, sin embargo, otras muy fácil, como por ejemplo, el hecho de que tenga dos panecillos en la mano y una pinta de pordiosero, con lo que llego a la conclusión que antes de marcharse tomará todo lo que pueda llevarse para comerlo después y eso es debido a que en su bolsillo no hay mucho efectivo. ¡Oh!- reculó cuando notó en la cara del reportero la ira- sí lo hay, pero no le gusta gastarlo.

-Jajajaja, le ha atinado señorita Richardson- gritó una voz entre los reporteros.

-Bueno, bueno, vamos chicos, que tenemos que seguir trabajando, gracias a ustedes por haber venido-, señaló el Capitán Noriega mientras les hacía ademanes para retirarse y al mismo tiempo tomar del brazo a Richarson que se dejó llevar con un poco de incomodidad. -Como siempre, logras pasarte con los reporteros-, sentenció a modo de reproche.

-Están tan lleno de series policíacas que es normal que tengan escepticismo, Capitán.- le dijo a Noriega con una sonrisa coqueta, ya que esperaba que la llevara a un lugar tan sólo para ellos dos.

-Esta vez no- le dijo él adivinando sus pensamientos, -El Cuervo ha atacado otra vez.

El Cuervo era el asesino serial de moda en la ciudad. En dos meses llevaba cuatro víctimas, todas asesinadas de la misma forma. Eran halladas en su casa o departamento, atadas la cama, totalmente desnudas, con golpes en rostro y cuerpo, la garganta en tajo, sin lengua, la cual siempre era encontrada en una mesa con una pluma de cuervo clavada en ella, su sello personal. Todo en la casa estaba intacto, ningún objeto de valor era sustraído. Las víctimas que se habían encontrado estaban en un rango de edad de treinta a treinta y seis años, sin ningún nexo que pudiera vincularles, hasta ese momento.

Tras recoger el vehículo del valet parking Noriega condujo hasta un pequeño departamento en las afueras de la ciudad. Un discreto operativo se había desplegado por las calles aledañas en busca de algún testigo o del criminal pues la víctima fue descubierta aún agonizante, sin embargo no hubo ocasión de salvarla, muriendo antes de que llegara el servicio de emergencia. En la escena ya se encontraban trabajando los forenses, encontrando, por supuesto cada uno de los detalles que caracterizaba al Cuervo.

Richarson recorrió el departamento preguntándose la causa por la cual elegía a sus víctimas, pues ninguna de las chicas encontradas compartían incluso características físicas, en tanto Noriega preguntaba al cuerpo forense sobre lo encontrado.

Habían hallado algunos cabellos sobre la cama y varias huellas en la puerta principal, mismos que serían analizados en laboratorio. Antes de irse, El Cuervo había limpiado el arma homicida con una de las toallas del baño, que dejó perfectamente doblada, tal y como debió estar antes. No había ningún residuo de condones, pese a que la víctima parecía haber sido atacada sexualmente. ¿Sería la primera chica que se hubiera resistido a tener sexo con el homicida?

Como factor común, las víctimas habían tenido sexo consensuado con el homicida y el que esta se haya resistido demostraba que El Cuervo no tenía un encanto irresistible como se había pensado.

-¿Cuándo encontró a la víctima?- preguntó Richarson a una mujer que lloraba sin cesar en la sala del departamento. Tras haber recorrido todo el escenario era hora de interrogar a los actores.

-Vine temprano, como a las ocho de la mañana. Lena y yo siempre salimos a correr a esa hora, pero tras tocar varias veces a la puerta, me percaté que esta estaba abierta, así que entré y fue así como encontré a Lena. Aún podía escuchar su respiración, así que llamé a emergencias, pero no pudieron llegar a tiempo y ella…

-Notó algo raro en el departamento o al llegar al edificio-, inquirió Richarson.

-No, yo vivo en la planta baja y no noté nada inusual. Sólo un hombre, cuando salió del elevador estuvo a punto de pasarme por encima y ni siquiera me pidió una disculpa.

-¿Cómo era ese hombre?

-¡Ay, no! ¡Fue él! ¿Verdad? Era… era… era alto, de espaldas anchas, cabello negro, llevaba un sombrero, de esos que se están usando actualmente y un saco negro. ¡No recuerdo más! No pude verle el rostro, sólo la espalda.

-Gracias, es suficiente con ello- dijo Noriega para tomar el radio y dar indicaciones a los patrulleros sobre los detalles de la persona que se buscaba, mientras Richarson lo veía con escepticismo. -Al menos es algo-, se consoló Noriega mientras ella hacía una mueca de sarcasmo.

De regreso a la estación, Richarson se dedicó a estudiar todos los datos que tenía sobre las víctimas, ninguno de ellos se le hacía particularmente notorio, pues a grandes rasgos, resultaban incluso familiares a los de ella misma al haber crecido en esa ciudad, ¿pero qué les hacía resaltar a los ojos de El Cuervo? Hizo un recuento de la historia general de esas mujeres, lo que la llevó a recordar su propia vida.

Rememoró sus años en la universidad, los que estuvo litigando en los juzgados y el hartazgo que la llevó a ingresar a la Academia de Policía y así hacerse con el grado de Teniente. Noriega había sido su tórrido romance los últimos años en la universidad y así habían transcurrido ya catorce años. Había una perfecta sincronía en sus pensamientos y actos, se conocían demasiado bien y eso era lo que la había llevado a dimitir cuando él le había propuesto matrimonio. Noriega era perfecto para ella, pero no en todos los aspectos de su vida, así que prefirió mantener con él una relación de amistad con beneficios.

El recuento de su vida la llevó de nueva cuenta a pensar en las víctimas. Todas habían sido asesinadas en su casa, lo que importaba que El Cuervo había sido una persona familiar para ellas, o al menos, tenían confianza en él, pero ¿por qué ningún familiar o amistad de ellas sabían nada de un novio o amigo con el que tuvieran tal grado de confianza?

La noche había llegado a la ciudad sin que Richarson lo notara, envió un mensaje a Noriega para saber si la llevaría a casa, pero éste contestó que estaba apurado con una entrevista que daría en el noticiero de las nueve; por ello, con algo de molestia tomó sus cosas y salió de la estación. La frustración no era una emoción que pudiera tolerar de forma cordial, así que decidió ir al centro de la ciudad y meterse en un pub a beber un café hasta en tanto dejara de sentir esa emoción.

El ambiente en aquél lugar era tranquilo, no había pantallas donde viera la sonrisa de Noriega al entrevistador o la voz profunda de él con la que todo dominaba. Sólo había música, parejas charlando y alguno que otro solitario, como ella, que disfrutaban de un café o té.

Al otro lado del lugar, observó a un hombre en total black look. Él estaba absorto en su celular y no dejaba de reír a la pantalla. No le era muy difícil imaginar que ese hombre había perdido contacto con toda forma humana desde la primera vez que encendió su teléfono inteligente. Y siguiendo el ejemplo, tomó su teléfono para ver todas las notificaciones que tenía, lo que la hizo sentir peor, pues se sintió más sola que nunca, así que apagó su teléfono y siguió observando a aquél hombre que seguía perdido en su celular.

Tras varios minutos de hacerlo, terminó por aburrirse y decidió pagar la cuenta en la caja, donde la atendió un dependiente que debía confirmar todo lo que ella había consumido con el mesero para así dejarla ir, lo que la puso de peor ánimo.

-Aquí siempre es así-, dijo una voz a su espalda. -Hola… Marcus y… ¿tú eres?-, le preguntó mientras le extendía una mano.

-Nora, ¿te conozco de alguna parte?

-Bueno, dado que me observaste sin parar durante un largo rato, consideré que sería de buena educación presentarnos ambos.

Ella sintió que el rubor llegaba a sus mejillas, jamás hubiera pensado que el hombre que estuviera observando se acercara a ella para presentarse.

-Lo siento, no suelo hacer eso- dijo ella a media voz, -me diste curiosidad.

-¿Y por qué ha sido?

-Porque prefieres el contacto de un teléfono al de otras personas, parecía que te era más placentero.

-Es raro que una mujer sea tan sincera-, dijo él algo extrañado por la sórdida sinceridad de Nora.

-Creo en la cruda verdad, aunque no siempre es bueno decirla-, le dijo ella sonriendo.

Esa sonrisa fue la que le hizo ganarse otro capuchino invitado por él en la misma mesa donde se encontraba. La conversación entre ambos fluyó fácilmente, notaba que él se conducía con toda facilidad a lo largo de la conversación, sabiendo que él tenía experiencia en esa clase de encuentros lo que la llenó de curiosidad, preguntándose si esa conversación la llevaría inevitablemente a una invitación sexual o quedaría en un amigable encuentro. Sin embargo, no pudo satisfacer su curiosidad, un <<Estoy en casa>> de Noriega le hizo dar un fin precipitado a la charla que terminó con un intercambio de teléfonos y la promesa de volverse a encontrar en alguna ocasión.