INSIDE

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Ya no recuerdo cómo te conocí, pero llevo en la mirada la certeza de que tus labios eran para mí.
Esa tarde, tu mirada avellana se clavó en la mía, sentía el rubor en las mejillas, que imagino no pude ocultar.
¡Cómo deseaba beber de tus labios!
Imaginé el desnudarme frente a ti y estrenar mi escritorio en el oculto arte de hacer el amor, pero me resistí y tomé la mano que se me ofrecía para ir contigo.
El sol brillaba sobre tu morena tez. Devoraba con la mirada tu perfil que mantenía su atención sobre el camino.
Detuviste el coche donde no pudiera darnos el sol y así, sin más me acerqué a ti para probar tus labios… tus manos ávidas buscaron bajo mi blusa el broche del sostén.
¿Recuerdas que no pudiste quitármelo? Fui yo quien ingeniosamente me desafané de él frente a tus ojos. Un beso más y tus manos buscaron desabotonar un poco la blusa.
¿Sabes? Ya no podía evitarlo, por eso mis manos buscaron tu falo sobre el pantalón… quizá si hubiera sido más atrevida lo hubiera desabrochado para penetrarme, así, sin más, pero me detuvo el que pudieran vernos a pesar de estar en un lugar apartado.
Tus labios eran inquietos, se prendieron de mis labios, bajando al cuello y de ahí, aprovechando el escote, tomaste entre tus labios mis senos, uno a uno. Te veía succionar mi pezón y no podía evitar leves gemidos.
En tu mirada había picardía, misma que aprovechaste para pedirme me desabrochara el pantalón que llevaba. Me recosté en el asiento y sentí tu lengua sobre mi pubis, la succión de tus labios y  la búsqueda de mi clítoris para comerlo.
Tenía miedo de que nos vieran, lo que quizá aumentaba el placer que me provocabas.
Abriste tu pantalón dejando a la vista tu sexo erguido para penetrarme despacio… era tuya a cada instante y cómo deseaba gritarlo. No quería que te separaras de mí, pero mi boca se hacía agua y tú deseabas mis labios en tu falo.
Mi lengua descubrió el prepucio y en él lo que había quedado de mi humedad. Lentamente lo cubría con mis labios, intentaba comerte entero. Mi cabeza bajaba y subía; me deleitaba con tu salado sabor y con los leves gemidos que emitías.
Tus manos sobre mi cabeza marcaban el ritmo de mi boca, así, poco a poco aumentaba la intensidad en la succión en mis labios. Tu voz entrecortada pidiéndome comiera todo me avisó el orgasmo que tendrías; poco a poco tu semilla quedaba en mi boca y al sentir que se llenaba de ti, tragué todo, diseminándose tu sabor en mi garganta.
Después, una leve succión de mis labios, te hizo volver a gemir, quedando exhausto, con los ojos cerrados en el asiento.
Si pudieras saber, que no es sólo deseo el que me haces sentir, pues al verte así, mi corazón estallaba de ternura.
¿Qué importaba si nos habían visto? Había bebido de ti y eso me hacía esperar una nueva ocasión para tenerte entre mis brazos.

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