ETERNIDAD

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~”La vida es efímera, la muerte es eternidad.”

Así decía una nota que Ricardo había dejado clavada en el barandal tras el que se daba cabida al coro de la capilla. Sorprendía a los ahí presentes, párrocos y demás cristianos, lo meticuloso que había sido Ricardo con cada uno de los detalles.

La noche anterior, como ninguna otra en esa pequeña ciudad, había caído una terrible tormenta que había dejado a su paso muchas calles y casas inundadas y había sido esa misma agua de lluvia la que había llenado aquella capilla, a través del único y enorme ventanal que se encontraba abierto de par en par.

Por supuesto, no era imposible que esa inundación ocurriera, pues la Capilla de San Francisco se encontraba en la ladera del monte donde se ubicada la catedral, y que, por caprichos del arquitecto que la había construído, el acceso a la misma era a través de una larga escalera interior, dispuesta al pie de los reclinatorios del coro y frente a un inmenso ventanal tras el cual se observaba la picaresca ciudad.

Antaño, propios y ajenos se habían quejado que la distancia entre el coro y el cuerpo de la capilla era excesiva, sin embargo, la acústica era inigualable, pues las voces de los cantores y del hermoso órgano que tocaba Ricardo domingo a domingo hacían que ese pequeño detalle se olvidara. Aunque claro, esa misma altura era la que había utilizado Ricardo para su último acto extraordinario.

Algunos cuchicheos empezaron a escucharse, unos condoliéndose de lo sucedido, pero otros más, condenando a Helena, la novia de Ricardo, que días antes le había despreciado para comprometerse con el hijo del alcalde, y quien tras este escandaloso incidente, sería repudiada en kilómetros a la redonda.

El propio Obispo observaba incrédulo aquella escena. Quitó del barandal el cuchillo con el que Ricardo había afianzado la nota y observaba el lento movimiento del cuerpo que flotaba metros más abajo. El color azul del rostro del joven denotaba que se había ahogado, sin embargo, la soga en su cuello y pies determinaba que su idea había sido morir ahorcado, aunque… recordaba el Obispo que alguna vez Ricardo había dicho que quería morir en la tranquilidad del agua.

¡Pobre muchacho!, pensó el Obispo, no se había decidido sobre si morir ahogado o ahorcado, que prefirió ocuparse de ambos medios para acabar con su vida.

No obstante, aunque la escena era tan cruel como triste, nadie se atrevía a mover el cuerpo, ni mucho menos a intentar sacar el agua del lugar, quizá pensaban que era importante mantener aquella imagen de Ricardo colgando del barandal, flotando entre cristalina agua de lluvia que dejaba ver el excelso mobiliario de la capilla.

Algunos dicen que desde entonces el órgano se escucha de cuando en cuando y la imagen del infortunado joven aparece en medio de aguas cristalinas que llenan la capilla como si fueran un mar de luz. Imagen que será eterna, pues la muerte así lo es, o al menos, eso es lo que dicen.~

Terminó de decirnos el guía de turistas al tiempo que una hermosa melodía proveniente del órgano vacío se extendía a lo ancho de la capilla y la imagen del joven se presentaba con todo lujo de detalles: su cabello negro, lo azul de su camisa, el negro traje a la moda del siglo XVIII y el agua que en su estado diamantino cubría las cabezas de los pocos feligreses que a esa hora iniciaban sus salmos.

 

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