Leonora

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La pequeña niña brincaba de cama en cama, su madre, minutos antes había tratado de dormirla sin ningún éxito.

Sólo se había separado con una advertencia: “Si no duermes ya, vendrá el Coco”.

Leonora no hizo caso a la advertencia de su madre y siguió jugando.

Estaba tan absorta en sus juegos que no notó la sombra que cruzó el ventanal, mucho menos las largas manos cuyas uñas rasgaban el piso de madera.

Tarde fue cuando quiso gritar, pero sus gritos fueron ahogados por más manos que la arrastraron fuera del ventanal.

Al amanecer, únicamente las marcas en el piso quedaron y de la pobre Leonora, jamás se enteraron.

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