Pedro, el Carbonero

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Tempranito el farolero daba la hora, los niños pronto salían en tropa, dirigiéndose a la carbonera. Su pequeño tamaño, sus delicadas manos, su incansable conducta, hacían de los niños los mejores trabajadores.

Don Pedro Enriquez, les daba cobijo en su carbonera, pagándoles bien, tan bien que algunas familias habían dejado el ingreso de la casa sobre los hombros de aquéllos niños; pero no eran los niños, sino las niñas las que eran por el carbonero, aún más apreciadas.

Don Pedro Enriquez vivía en el centro de la ciudad de Puebla, en una casona con amplias ventanas que dejaban entrar la luz del sol. Era feliz aquél hombre al saberse amado por su mujer, quien estaba a punto de darle un vástago que llevaría con honor las actividades de comerciantes de aquél señor.

Aciago fue el día en que su mujer y su hija recién nacida, morían entre sus brazos. El médico nada pudo hacer, así que Don Pedro, la fe perdió. Desde entonces, Don Pedro un muerto en vida se volvió.

¿Cómo hacer que la alegría reinara de nuevo en su hogar? ¿Cómo sonreír cuando quería morir?

El consuelo de una pequeña mano vino un día. Una pequeña niña de doce años apenas, una tarde le sonrío. Pobre pequeña, a su casa jamás regresó.

Extrañado el farolero, en la casa de Don Pedro varias voces escuchó, entre gemidos  y golpes secos,cada noche siempre pasó; mientras las niñas de la carbonera desaparecieron.

Una a una, sin rastro, sin sombra, sólo el recuerdo dejaron, mientras en la casa de Don Pedro los extraños sonidos seguían perdurando.

El descontento se juntó con el desconsuelo y así, los padres la casa de Don Pedro asaltaron.

Cuerpos ultrajados, atormentados con sogas, dagas, desmembrados, copas de vino con sangre entre las manos de Don Pedro, todo ello encontraron. Diez, veinte, treinta… todas las niñas que de la carbonera habían desaparecido estaban esparcidas en las habitaciones de esa casona mayor.

Craso silencio la Inquisición arrojó a aquél hecho, confiscando los bienes del vecino, dejándole ir con un burro, unas cuantas monedas y un sarape. Jamás debería volver a la ciudad.

¡Ah, cuidado con las palabras de Don Pedro, pues volver el prometió! Vivo o muerto seguiría con sus actos de terror y vivo o muerto de aquella sala, salen voces y gritos de terror, cada noche si lo escuchas con atención.

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6 thoughts on “Pedro, el Carbonero

    Poetas Nuevos said:
    12 June, 2016 at 3:03 pm

    Bueno, me recordó una película vista hace años.

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