Se le llama amor

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Quiero comerte, devorarte,como hace la Madre Tierra, como un lobo en celo, como una cueva que abre sus fauces y traga cada rayo de luz.

Estas ganas de ti son bestiales, no se conforman, me hacen sentirme en ti,sentirte en mí, respirar de tu aire, comer de tu boca, andar a tu tiempo.

Me convierto en madre selva, perlada en lluvia, lluvia que tú fomentas, cantándote por las noches en gemidos que contienen tu nombre.

¡Oh, si supiera tu nombre!

Tal vez en otra vida, me digo, pero no pienso en el futuro, sino en el pasado, en aquél en que las piedras oraban al sol, los caracoles cantaban y los quetzales volvían de la guerra con corazones para alimentar a la Tierra.

Somos de barro, de maíz, del canto del quetzal, devoradores de almas, hambrientos, sedientos por encontrarnos.

Somos ese momento en que la tierra se abre para concebir el milagro de la vida, a través de la muerte.

Somos el viento, el susurro devastador de la tormenta, tribuladas almas que no se contentan si no se encuentran.

Te canto para encontrarte, te amo para no olvidarte.

Necesito largas sesiones sobre tu cuerpo, acabarme estas ganas que parecen inagotables.

Yo me sentí diosa para darte la vida con mi aliento, pues traigo en la piel el olor a caña y a copal.

Y a esta pena, se le llama amor.

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