Month: September 2016

Un truco de magia

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Gracias Miguel.

 

-El tiempo desaparece junto a ti, -me dijo.
-Es un truco de magia que suelo hacer, -contesté antes de soltar una carcajada. (Desaparezco el tiempo, mi quincena, la comida que me gusta, pensé).
Y así,me topé de nuevo con el tema que he estado tratando desde hace meses: ¿quién soy?
Cosa muy fácil de responder si se trata de definirme a través del trabajo o de mi familia, pero no, eso no soy yo, esas son mis circunstancias.
¿Cómo explicar que puedo ser hilarantemente feliz con un chiste bobo o que a veces suelo llorar al ver un niño desamparado? ¿Cómo explicar que a veces quisiera cambiar el mundo y otras, destruirlo?
Creo que simplemente no hay forma de explicarme, tan sólo es el sentirme, sentirme de esa forma en que a veces faltaría el oxígeno de tanta pasión que se desborda y otras, entendiendo que la vida es nada y sólo el devenir del tiempo.
¡Qué raro es intentar amarse a sí mismo! Así, como yo lo hago, amándome y odiándome con la misma fuerza y así, vivir.

En gotas

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Te quiero, amor, en dosis controladas, en gotas, por instantes, tocando mi piel, mis labios, pero no mi alma.
No, amor, no quiero que toques mi alma, no quiero enamorarme de ti.
Seré la amante perfecta, la mujer que caliente tu lecho, pero no toques mi corazón.
Quiero que seas como el agua al crear arte sobre las rocas: constante, permanente, pero intermitente, de tal forma que jamás puedas lastimarme.
Así, amor, así quiero disfrutarte, sin arrepentirme de nada, segura de que te veré sonriendo a mi lado cuando lo necesitemos, cuando nos deseemos de tal forma que ese instante viva y muera en una llamarada.

A destiempo

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Me encuentro ante una hoja vacía sin saber qué escribir. El té se ha enfriado y las canciones en el reproductor son cada vez más tristes.

Hay un vago espejismo de soledad, de esa soledad que no es cómplice, de esa que viene y te arrebata una sonrisa, sin complacer como un dedicado amante.

Sólo pienso en que llegué a destiempo. Destiempo a esos besos que podría reclamar como míos y que ahora, dejo libres al viento.

El teléfono suena, pero sé que no eres tú, porque jamás este cuerpo ni esta alma, lograron tocar tu esencia.

El inicio o el final

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Soltó a los cuatro vientos, les dejó ondear su larga y negra cabellera. Sonreía apaciblemente, hasta que lo vio. Él se acercaba lentamente hacia su templo, casi con andar felino para no ser descubierto. Ella le vio agazapándose frente al altar; su mirada era febril, como si fuera un niño travieso que sabe lo hallarán en cualquier momento en una travesura.

Le vio buscar algo entre las ropas, mientras su frente se perlaba de sudor. Mientras los segundos pasaban, sus manos comenzaron a temblar, parecía temer no hallar lo que buscaba.

Fue así, que de pronto, de su talega levantó victorioso una daga de obsidiana. Ella entornó los ojos curiosa, sin imaginar que él, con desesperación intentaba quitar una de las piedras de su templo; de hecho, una de las piedras más importantes… aquélla que formaba parte del sello que le permitía andar entre los humanos.

Cuando él, con una sonrisa en los labios mostraba el objeto robado, ella sólo atinó a emitir un no, que llevó el viento a los oídos de aquél guerrero.

Él observó el interior del templo ahora vacío, y guardó la piedra labrada en su talega. Pasaría de generación en generación, para evitar que ella volviera.