El inicio o el final

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Soltó a los cuatro vientos, les dejó ondear su larga y negra cabellera. Sonreía apaciblemente, hasta que lo vio. Él se acercaba lentamente hacia su templo, casi con andar felino para no ser descubierto. Ella le vio agazapándose frente al altar; su mirada era febril, como si fuera un niño travieso que sabe lo hallarán en cualquier momento en una travesura.

Le vio buscar algo entre las ropas, mientras su frente se perlaba de sudor. Mientras los segundos pasaban, sus manos comenzaron a temblar, parecía temer no hallar lo que buscaba.

Fue así, que de pronto, de su talega levantó victorioso una daga de obsidiana. Ella entornó los ojos curiosa, sin imaginar que él, con desesperación intentaba quitar una de las piedras de su templo; de hecho, una de las piedras más importantes… aquélla que formaba parte del sello que le permitía andar entre los humanos.

Cuando él, con una sonrisa en los labios mostraba el objeto robado, ella sólo atinó a emitir un no, que llevó el viento a los oídos de aquél guerrero.

Él observó el interior del templo ahora vacío, y guardó la piedra labrada en su talega. Pasaría de generación en generación, para evitar que ella volviera.

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