Isis Nefert

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El anciano sacerdote observaba azorado las ruinas de la ciudad. Memphis había desaparecido, no quedaba piedra sobre piedra de los muros blancos, del imponente palacio o del templo en el que había dedicado tantas horas de oración a Ptah.

-¿Qué ha sucedido?-, preguntó al hombre que arrastraba penosamente una bolsa por el suelo.

El hombre suspiró y dio una última mirada a la gran ciudad que desde que nació fue su hogar y tras pasar saliva comenzó su relato:

“Hace muchos años, el gran Faraón tuvo dos hijos. El mayor era Nefertum Den, su favorito, nacido de la Gran Esposa Real; la menor era Isis Nefert, hija Isis Merneith, la entonces favorita del Faraón y la más astuta y bella mujer que haya posado su pie en Memphis, consejera del Faraón, la mujer más poderosa en todo Egipto, capaz incluso, de colocar a su hija como heredera aún por encima de Nefertum Den.

‘El gran Faraón envejecía y con la edad, las enfermedades aparecían continuamente. Así, cayó en cama y fue el inicio… de la destrucción. Merneith se dio cuenta de que Nefertum Den planeaba la muerte de su hija, pues era el único obstáculo para una coronación sin adversarios y un reinado en paz.

‘Merneith, una noche sin estrellas, con la complicidad del silencio nocturno, escapó junto con su hija y una escolta para llevarla a la ciudad de Aksum,  lugar de donde provenía y donde habría un ejército para respaldar a su descendiente. Isis Nefert con obediencia seguía a su madre, hasta que su visión comenzó a fallar, sus piernas apenas podían sostenerla y su visión se nublaba.

‘Isis Nefert tuvo que ser auxiliada para poder seguir. No moriría, pues había bebido, en un descuido de su madre, sólo un trago de una bebida preparada especialmente por Nefertum, pero esa bebida le haría enfermar hasta su destino.

Cuentan que tras ambas salió un sacerdote de Ptah, cuyo nombre es secreto, entrenado especialmente para dar muerte a los enemigos del Faraón; un hombre que no se detendría hasta cumplir su objetivo o morir en el intento.

‘Merneith tuvo ocasión de salir airosa varias veces de los intentos de ese sacerdote y logró llegar a salvo junto con su hija a Aksum. La princesa poco a poco fue recuperándose y al hacerlo completamente, Merneith comenzó a entrenarla en las artes prohibidas para nosotros, los no hijos de dioses.

‘Isis Nefert se hacía más y más fuerte cada vez, mientras su padre se acercaba más y más a la muerte. El mismo día en que el Gran Faraón fallecía, Isis Nefert tenía su primer y último encuentro en solitario con el sacerdote de Ptah.

‘La gente que lo presenció dice que la princesa era diestra y fuerte. En el último momento, cuando todos pensaron que el sacerdote cobraría la vida de aquella muchacha, ella levantó su mano y una luz cegó la mirada de todos. Al extinguirse esa luz, el sacerdote tenía los ojos en blanco y caía como fardo a los pies de la princesa.

‘Apenas siete lunas han pasado desde ese día, siete lunas durante las que la princesa Isis Nefert fue una tormenta sobre Memphis. Los hermanos y sus ejércitos se enfrentaron. Los combates fueron terribles, pero el mayor daño a la ciudad fue causado por los hermanos.

‘Ya le he dicho que eran hijos de dioses y es verdad. Ellos mismos fueron caos y muerte. Memphis perdió ante Aksum y la ahora Reina-Faraón encabeza la búsqueda de una nueva capital. Y hacia allá voy, mi compañero, tras el rastro que ha dejado.

Y usted, ahora que no hay ciudad, ¿hacia dónde irá?”

-Tras Isis Nefert-, dijo descubriéndose, dejando ver el collar que lo designaba como sacerdote de Ptah, pues no había muerto a los pies de la entonces princesa, sino que ella le había hecho perder la memoria que recuperó con el relato de ese buen hombre.

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