Coma

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Contra viento y voluntad el miedo le recorría la espina dorsal. Fuera de la habitación de ese triste hotel, se escuchaban los pasos de un ser, que sin duda debía medir cerca de dos metros; tan profundos, tan pesados eran sus pasos que eran acompañados de algo metálico que arrastraba, algo que chirriaba, que estrujaba el corazón.

El frío sudor le empapaba su frente y los estertores de miedo se hacían más profusos cada vez que escuchaba un portazo y tras él, gritos y más gritos de agonía y dolor.

¿Qué estaba pasando? Golpeaba sus piernas como si de ellas intentara obtener una respuesta mientras el llanto se esparcía por su rostro.

No recordaba haber llegado a ese hotel, pero sin duda, la respuesta la tendrían las botellas de whisky barato que estaban a los pies de la cama.

Un portazo más y más gritos, cada vez más cercanos a su habitación. Con todo el valor que pudo reunir, se acercó a la puerta para observar por la mirilla. Tras la puerta, la mortecina luz parpadeaba, dejando segundos sin luz aquél pasillo.

¿Y si intentaba escapar? Se acomodó la ropa, reunió su teléfono celular… sin cobertura y su cartera, dejando todo lo demás ahí. Frenético escuchaba su corazón que a cada grito repetido saltaba, respiró profundo y salió al pasillo.

La luz parpadeaba a cada paso que daba. Las puertas en lugar de número tenían letras que no podía distinguir. Buscó la salida y por fortuna encontró la escalera. Descendió unos cuantos escalones cuando escuchó los pasos que había escuchado desde su habitación.

Apresuró sus pasos llegando al descanso de la escalera y observó al pasillo del cual provenía, donde se observaba una silueta negra, enorme, que cubría casi todo el rellano de la escalera.

Su corazón saltó al igual que él en cada escalón. Cada vez más cerca escuchaba los pasos de ese ser, cada vez más podía escuchar su respiración.

¡Dios mío! El corazón estaba a punto de salirse de su pecho cuando llegó a la recepción en la que sólo ríos de sangre eran testigos de su miedo. Se apresuró a la salida y tras los vidrios pudo observar:

Una habitación de hospital, con él en una camilla, sus familiares acongojados escuchaban al médico que les explicaba que había caído en coma tras el accidente vehicular y que desconocían cuando podría despertar.

Intentó abrir la puerta, gritó con desesperación, pero nadie le escuchó y sólo pudo aceptar lo sucedido, cuando “eso”, le tomó por el hombro y al interior del hotel lo arrastró.

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