Una historia inacabada…

Posted on

2a parte

El despertar de Elizabeth fue doloroso, gimió al intentar moverse y reconocer que sus rodillas, la cadera y la cabeza le dolían.

Su abuela y Anita se encontraban a su lado, intentando que recuperara la consciencia totalmente.

Tras recuperarse totalmente, Elizabeth notó que el hombre que había visto había desaparecido y con él, la oscuridad que ocupó ese piso.

Sin oponer mucha resistencia, fue dirigida a la primera planta y después, a su habitación. El doctor del hotel la había examinado sin encontrar nada raro, sin embargo, sus abuelos decidieron que el confinamiento en su habitación por el resto del día sería lo mejor.

Al día siguiente, el panorama no pintaba bien tampoco. Anita no la dejaba vagabundear sola por el segundo piso.

En un breve descuido de su cuidadora, Elizabeth se dirigió a uno de los elevadores, pulsó el número 12 y cuando estaba a punto de cerrar la puerta, Anita la interrumpió metiéndose al elevador; éste comenzó a ascender obedeciendo la solicitud de Elizabeth, dejando para después la solicitud de Anita de bajar al primer piso.

El ascenso fue lento aunque sin contratiempos, y en lugar de alguna canción ambiental, la letanía de Anita sirvió de compañía durante el ascenso.

La asistente temblaba de pies a cabeza. Cuando llegaron el doceavo piso, Elizabeth abrió la puerta.

-¡No!¡No puede quedarse aquí!, gritó Anita-. Debemos regresar.

-Regresa tú, respondió Elizabeth.

En cuanto la joven puso un pie en el piso, una suave melodía comenzó a sonar. La luz plena que se filtraba por las ventanas huyó del lugar, permitiendo apenas que se distinguiera cada cosa.

A su espalda, Anita cerró con fuerza la puerta del elevador, y oprimió con vehemencia el botón que la llevaría a la planta baja.

A Elizabeth le parecía tan familiar cada detalle, cada mueble, cada cuadro que colgaba en la pared.

Dándose su tiempo, caminaba por el piso, hasta llegar a una gran habitación. Ahí, un ligero perfume a rosas invadió sus sentidos.

Una extraña ansiedad dominó su cuerpo, pues deseaba encontrar la fuente de ese aroma.

En su espalda, sintió una caricia conocida; al girar, encontró al hombre cuyo rostro se escondía en la oscuridad.

Él tomó una de sus manos, acariciándola. Elizabeth no opuso resistencia cuando las manos de él recorrieron sus brazos, su cuello hasta tomarla de las mejillas… Sus ojos se cerraron esperando el beso que no llegó.

Abrió los ojos al no sentir a su compañero y en lugar de la hermosa habitación en la que creía estar, se encontró con una donde el papel tapiz, la alfombra y los cuadros se encontraban en muy mal estado; de las paredes parecía fluir una especie de humedad que poco a poco se extendía, carcomiendo todo.

Esa humedad se acercaba a Elizabeth, rodeándola a través de la decoración, lo que hizo que ella se alejara de esa habitación.

Deshizo sus pasos para regresar al elevador. Tras cerrar la reja de este, marcó el número 2. Lentamente, el aparato se movió hacia abajo, pero no fue sólo el elevador, sino también la humedad que vio en la habitación.

Ésta, ahora avanzaba con rapidez, llenando todo de moho y oscuridad. De pronto, el elevador se detuvo en el piso número 7, Elizabeth pulsaba el botón de la planta baja, pero el aparato no se movía.

Armándose de valor, abrió la reja; su plan era probar algún otro elevador para regresar a las plantas inferiores.

Tras salir del elevador, la joven buscó alguno de los demás elevadores. La humedad que vio en los pisos anteriores no había alcanzado éste, al menos, por el momento.

La soledad del pasillo se reflejaba en el eco de sus pisadas, que tras un par de minutos se hicieron acompañar de otras más.

Los cabellos en su nuca se erizaron, escuchaba esas pisadas tras de ella, cada vez más rápidas como las suyas; ya no intentó llegar a otro elevador, sino que abrió una de las puertas y cerrándola tras de si con un portazo, esperó silenciosamente, con el corazón desbocándose en su pecho.

Silencio absoluto… Eso escuchaba tras la puerta, que de súbito, fue golpeada con fuerza, como si alguien, tras ella, intentara entrar a la fuerza.

La chica se alejó despacio de la puerta, observando cómo esta se movía rítmicamente, como si respirara.

El miedo la hizo palidecer y no sólo ello, se sintió paralizada. Sabía que debía moverse, pero su cuerpo no respondía. La puerta seguía moviéndose con tal furia, que el quicio de la puerta cedió, permitiendo que esta se abriera, dejando frente a los ojos de la chica, una extrema oscuridad que se internaba a la habitación como si fueran lenguas de fuego devorando el lugar.

En el último instante en que todo sería devorado, cerró los ojos y una brisa golpeó su cuerpo. El silencio absoluto volvió a reinar unos segundos, tras los cuales, se escuchó un leve silbido.

Elizabeth abrió los ojos encontrando frente a ella un panorama muy diferente. Había una bella galería, aunque sumida en una somera oscuridad. Sobre las paredes colgaban bellos cuadros en los que se había retratado a una mujer hermosa, cuyos vestidos parecían del siglo XIX.

Conforme Elizabeth avanzaba, el silbido se hacía más y más fuerte. Al llegar al final de la habitación, frente a ella se encontraba un hombre de amplia espalda, vestido de levita, quien poco a poco volteó hacia ella para sonreírle.

-Mi pequeña, dijo él-. ¿Lo has visto? No dejes que te alcance o…

Un fuerte golpe en el techo hizo caer restos de yeso sobre ellos.

-Vete, le ordenó.

Los golpes en el techo se hicieron más fuerte, mientras, a sus espaldas, los cuadros en las paredes salían despedidos por los aires.

Elizabeth corrió con todas sus fuerzas a través de la galería hasta hallar una puerta que la llevaría a otra habitación. Tras ella, la puerta recibía golpes que eran soportados por su espalda. Conforme estos se hacíanmás débiles, Elizabeth se sentía igual, pues sus piernas comenzaban a fallarle, hasta dejarla sentada sobre el frío piso.

Rodeó sus rodillas con las manos para enterrar su cara mojada por lágrimas de miedo. El llanto y la desesperación le hicieron perder la noción del tiempo y sólo cuando ya no pudo soportar la incomodidad del suelo, se levantó para explorar este nuevo sitio.

Los muebles se hallaban cubiertos por sábanas, sin nada más que decir o contar.

El pleno silencio le ayudó a decidir sobre salir al pasillo principal, el cual encontró en leve penumbra. El miedo o quizá la oscuridad, no le ayudaban para recordar dónde debían estar ubicados los otros elevadores, así que en cuanto encontró las escaleras empezó a descender.

Al llegar al rellano, sintió de nueva cuenta cómo su cabello en la nuca se erizaba. Ese miedo irracional no lo fue al escuchar fuertes pisadas tras ella.

En un segundo perdió la cordura y comenzó a correr escaleras abajo. Corría y corría sin que las escaleras terminaran, pero si lo hizo su carrera, que finalizó al tropezar con su propio pie y caer varios escalones abajo.

Su cuerpo le dolía a tal grado que no podía moverse, más, perdió el conocimiento al notar un rostro desencajado tras un cuerpo que se arrastraba, acercándose hasta ella y golpearla con fuerza.

Continuará…

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s