Eureka

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Mi pregunta ha sido: “¿por qué yo?”, y quizá ni siquiera esa era la pregunta correcta, porque todo ocurre por una causa.

Así sucedió conmigo. Me descubrí como un jumper de forma casual, cuando intentaba llegar temprano a un examen en la universidad.

Mi poder lo sabía poco desarrollado, pues jamás había intentado hacer grandes cosas como los superhéroes de los comics, pesar de ello, sentí el llamado.

Era una especie de mensaje que no podía decir con mis palabras, sin embargo, era plenamente comprensible y requería que saltara.

Al llegar, descubrí que no era la única. Personas de todo el mundo, personas elegidas, se encontraban a mi alrededor.

Entonces, uno de ellos, a quien supe de forma inmediata como el líder, habló sin que se escuchara su voz, pues cada uno de sus pensamientos se percibían lucidamente en nuestra cabeza.

Súbitamente, frente a nuestros ojos, apareció uns especie de portal que se expandía y poco a poco permitía ver en su interior al planeta Tierra.

La premisa era importante: existía una anomalía en el tiempo y aquél portal era la prueba de ello. Mientras más tiempo durará la anomalía más daño causaría y el planeta colisinaría con su otro yo en otro tiempo, iniciando una reacción en cadena que destruiría el planeta.

Se nos había reunido para que encontráramos al responsable, por ello, debíamos buscar a nuestro alrededor a aquél o aquella que estaba modificando el tiempo y que, por desgracia, no había acudido al llamado.

Si hubiese dicho que esa situación me llenaba de pena, hubiera mentido. Más bien mi pensamiento se dejó llevar hacia el sano juicio que tenía sobre el hecho de que mi facultad consistía en abrir portales y trasladarme de un lugar a otro sin gran esfuerzo, pero no podía detectar a nadie más que pudiera realizar algo extraordinario como modificar el tiempo, por lo que, a pesar de que quisiera decir a alguien el gran peligro que corríamos, me dediqué a observa a la vida en su esplendor, ajena a cualquier eventualidad que pudiera dañarla.

Así que al regresar de mi aventura en ese recóndito lugar de la tierra, preparé mis cosas para asistir a revisión de tesis de doctorado.

No importaba que el planeta se destruyera, mi intención era continuar con la vida que conocía hasta que acabara.

Sé que el destino es benévolo o un cruel patán que se divierte a costa de todos, por ahí, frente a mí, al abrir la puerta de mi director de tesis, vi a mi director de tesis, desplegando su facultad de manipular el tiempo.

¡Eureka! ¡Esa era la anomalía!

 

 

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