Vuela, mariposa

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Desperté cuando el reflejo del sol besó mis ojos.

Extendí una mano rozando la almohada, imaginando que estabas a mi lado.

Abracé la almohada imaginando tu pecho moviéndose al ritmo de tu respiración.

Acaricié tu etérea mejilla y sonreí.

Sentí la herida en el corazón, esa que aún no ha sanado y que espero pronto lo haga.

Dibujé tu perfil y besé tu recuerdo.

Te extrañé tanto que, el estar en cama abrazando tu vacío me pareció tan degradante que preferí dejar mis tibias sábanas.

Mientras tomaba el baño me convencía a mí misma que estaba mejor sin ti, que pese a lo que te escuchara decir, la realidad era apabullante y nunca podría tenerte junto a mí.

Me conformé con arreglarme coquetamente para salir a la calle. Había quedado en una cita.

Sí, había decidido probar otros labios y quizá otras camas, así tal vez, esa herida del corazón tendría besos en lugar de banditas.

Mi vida aún no se acababa, aunque tú no estuvieras en ella.

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