Carmen

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Entre el bullicio de la gente y el equipaje, nos trasladábamos de una terminal a otra en el aeropuerto.

Mi hija, una hermosa joven de 17 años no había dejado de hablar en su celular desde que llegamos al aeropuerto.

Acorde a lo que me decía, hablaba con su futuro agente: Mijaíl Vorobiov, a quien, acorde a los planes veríamos mañana en San Petersburgo.

Una vez llegadas a San Petersburgo, estaría unos días con mi hija en lo que firmaba contrato y se instalaba, después de ello, volaría a Barcelona a montar una nueva exposición.

Entre el equipaje que llevábamos estaba la colección que mostraría allá: ropa típica bordada a mano, además de los aditamentos que se utilizaban para realizarla con una breve historia de las prendas tradicionales.

Al llegar a la terminal, pedí a mi hija me ayudara con la colección mientras yo verificaba el equipaje.

En cuanto estuvimos en tierra, conté lo que llevábamos, notando que la colección se había quedado en el bus el cual ya estaba avanzando lentamente.

Corrí hacia el mismo, golpeando el costado para intentar detenerlo, lo que hizo unos metros más adelante.

El chófer, un hombre de mediana edad que rayaba entre lo atractivo y lo apetecible en la cama, abrío la puerta del bus, a lo que, con todos los colores en el rostro respondí con una disculpa.

—Olvidé parte de mi equipaje, dice aún sonrojada.

—¿En serio? No noté… ¡Ah, si! ¡Ahí está! ¿Le parece si estacionó correctamente el autobús y le ayudo?

No pude evitar una sonrisa y sentirme algo nerviosa. Esperé en la acera mientras él estaciona a el autobús, tras lo que, bajó con la colección entre sus brazos.

—¿A dónde se dirige?

—Vamos a Rusia.

—¿Usted y…?

—Mi hija, esa jovencita que está allá. Le han ofrecido un contrato con Unique Models, así que la acompañaré en lo que se instala y después iré a Barcelona.

—Ya. Pues será un largo viaje. No se preocupe, las acompaño hasta su registro, dijo en respuesta a mi petición de darme lo que llevaba.

Caminamos a través de la terminal hasta encontrar la línea aérea donde registraríamos el equipaje, una gran fila de personas se hallaba ante nosotros, quienes, afortunadamente llevábamos bastante tiempo de adelanto.

Mientras esperábamos en la fila, mi hija no dejaba de hablar en el celular, lo que ya era incómodo para quienes nos encontrábamos alrededor.

—¿Puedo meterme en lo que no me importa?, dijo él observando a mi hija.

—Si antes me da su nombre.

—Rodrigo.

—Carmen, un placer.

—Carmen, ¿ya notaste el tipo de conversación que está teniendo tu hija?

—Bueno, habla con su futuro agente, así que…

—¡Ah! Nota bien qué está conversando…, dijo él guiando mi mirada a mi hija.

Mi hija hablaba a media voz, pero por sus labios noté una conversación demasiado subida de tono. Volví a sonrojarme.

—De pura casualidad, ¿habrás investigado a Unique Models, verdad?, preguntó él.

—Investigué lo que pude, ya que era una página muy básica en principio con opciones de ingreso sólo a través de sus miembros.

—Ya. ¿Y conociste al futuro agente de tu hija?

—Si, un hombre muy cordial que nos explicó los pasos a seguir, aunque, recordé el tono con el que hablaba mi hija. —Quizá fue demasiada cordialidad.

—En seguridad tienen los reportes de jovencitas que han sido engañadas con ofrecimientos de trabajo y que han desaparecido, ¿te gustaría ver algunos y…?

—Sí, le dije sin dudar.

Dejamos a mi hija ya no en la fila para registrar el equipaje, sino sentada en una banca, con la excusa de que había un error en el registro del vuelo y debía verificarlo.

En el área de seguridad, me ofrecieron decenas de reportes de jóvenes que habían sido enganchadas, muy probablemente con fines de trata.

Leí los reportes que pude, encontrando en uno el nombre de Mijaíl Vorobiov.

—¿Te sientes bien?, preguntó Rodrigo. —Te has puesto pálida.

—Si, estoy bien, es sólo que encontré el nombre de su agente en un reporte.

Me explicaron que podía denunciar y dar toda la información que pudiera, lo cual haría.

Ya de regreso con mi hija, que continuaba hablando con Mijaíl, no pude contenerme y le arrebaté el celular.

Ella, tras recuperarse de la sorpresa reclamó el que le quitara el aparato. Apagué a prisa el celular, mientras mi hija comenzaba a exaltarse.

Rodrigo intentó calmarla, lo cual agradecí, aunque no funcionara hasta que le dije a mi hija que Mijaíl era un tratante de blancas.

Le expliqué lo que había encontrado en los reportes y por su parte, Rodrigo, le contó todas las historias que recordaba de mujeres que habían sido engañadas y que jamás habían regresado a sus casas.

Salimos de la terminal con la intención de denunciar y de eliminar todas las formas de contacto que tuviera Vorobiov con mi hija.

En esta ocasión, rentamos un taxi, al que amablemente nos acompañó Rodrigo para abordarlo.

—Carmen, ¿sería muy osado de mi parte pedirte que este viernes me acompañes a una fiesta?

—No, no sería osado, le dije sonriendo.

Busqué en mi bolsa una tarjeta y se la di, agradeciéndole lo que había hecho ese día.

Al llegar a casa tuve que consolar a mi hija, quien no dejaba de llorar por Mijaíl y su oportunidad perdida de ser top model, y como remedio para sus males, además de consolarla, tuve que cambiar la contraseña del wifi y ocultar su teléfono.

Por mi parte, presenté la denuncia correspondiente e hice algunos ajustes respecto a mi viaje a Barcelona.

No esperé mucho antes de que Rodrigo me marcara para compartirme donde sería el evento del viernes y para indicarle dónde debía pasar por mí.

Antes de que llegara ese día, las charlas vía telefónica se hicieron constantes, pareciendo tan naturales nuestras coincidencias.

Llegado el viernes, me encontré con que la fiesta era una boda familiar y su correspondiente recepción.

Estar con Rodrigo e incluso con su familia, parecía tan normal; su cercanía, su aroma, su voz y su piel no parecían ajenas.

Era una forma de química desconocida que terminó en una habitación de hotel hasta la madrugada.

Al regresar a casa, no importó las diferentes ocupaciones, ni los ingresos económicos, era una aventura tan sencilla pero tan completa en su forma la que apenas iniciaba…

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