Al calor de la noche

Afrodita

Posted on

Entró en la habitación con aire de seguridad, sabiendo lo que quería, lo que haría conmigo.

Sólo necesitó acercarse a mí para someterme con una leve caricia y entonces, me sentí frágil ante su presencia.

La ropa poco a poco quedó en el suelo y con sus manos guíaba cada movimiento.

En mi boca quedó su sexo. Me embriagaba con su sabor. Sabiamente mi lengua le recorría, sintiéndolo inflamarse entre mis labios.

En ese momento, la fragilidad que sentía se diluyó con la convulsión de mi boca.

Él era el dominado. Él gemía debido a las caricias que le prodigaba en su pecho, a la humedad y el calor de mi lengua, a la leve succión que le hacía querer hundirse más y más en mi boca.

No era frágil aunque lo pareciera, pues ahí se encontraba él, entregándose a mi boca que podría dañarlo o satisfacerlo.

Yo era Afrodita…

PECADO

Posted on

-Huele a pecado, me dijo. -Huele a mujer, a café, a tabaco.

Desde la mesa continua me sonreía. A estas hora del día, los turistas que madrugaban comenzaban a llegar a Los Portales,  pedían tazas de aromático café, pero eso no era lo que había captado mi atención, sino el otro aroma que había en todo el puerto, mucho más sutil, mucho más enervante.

En respuesta a su intervención en mi pensamiento, le sonreí pausadamente y él con paso felino, se acercó a mi mesa, solicitando mi permiso para sentarse.

Accedí con un movimiento de cabeza. No era feo, ni guapo, pero tenía un extraño aire de autosuficiencia que lo hacía atractivo.

-¿Qué es lo que busca en esta ciudad?, me preguntó mirándome a los ojos.

-Encontrarme, sentencié con sinceridad.

Sonrió ampliamente y tras observarme un par de segundos, pidió a la mesera la carta y se aprestó a pedir para ambos lo que él consideraba mejor en el menú. La charla fue ligera y sumamente amena.

Me sorprendía de la forma en que él disfrutaba cada sorbo de café, cada bocado del desayuno y cómo en sus ojos se dibujaba el mar con un éxtasis que me hacía sentirlo en la piel.

Ofreciéndose a ser mi guía, salimos del restaurante con rumbo desconocido. Fueron horas y horas de caminata que disfrutaba a cada paso. Sucumbí ante los encantos del puerto que me hizo descubrir con nuevos ojos.

Yo no dejaba de deleitarme con su manera de ver las cosas. Cuando llegó la noche, frente a la entrada de mi hotel, tomó mi mano, imprimiendo en ella un delicado beso. No pude soltar su mano.

Me acerqué a él, devorando su aroma y bebiendo de su aliento, mis manos se sujetaron de su cuello, mientras sus brazos rodearon mi cintura.

Nos descubrimos poco a poco en la habitación. Sus labios recorrían cada centímetro de mi piel y los míos se sujetaban prestos a sus labios o a su sexo. Extenuados, compartimos unos momentos de calma en la cama.

-Debo irme, me dijo seriamente observando mis labios.

-Lo sé, le dije a media voz. -Pero esta noche es para mí. Busca en mi bolsa, encontrarás una bolsita de tela. Es para ti. Encontrarás lo suficiente por tus servicios.

-¿Lo sabías?, me preguntó apenado.

-Desde que te conocí. La mesera de Los Portales me lo advirtió, pero decidí aventurarme. Mañana me caso y no hubiera podido descubrir al puerto ni a ti, de la forma en que lo hice.

Se acercó a mi boca y volvió a besarla. Sus manos volvieron a hacerme presa de sus deseos y esta vez no fue sexo, sino que hicimos el amor en armonía, descubriendo sensaciones que nadie más encontraría.

INSIDE

Posted on

Ya no recuerdo cómo te conocí, pero llevo en la mirada la certeza de que tus labios eran para mí.
Esa tarde, tu mirada avellana se clavó en la mía, sentía el rubor en las mejillas, que imagino no pude ocultar.
¡Cómo deseaba beber de tus labios!
Imaginé el desnudarme frente a ti y estrenar mi escritorio en el oculto arte de hacer el amor, pero me resistí y tomé la mano que se me ofrecía para ir contigo.
El sol brillaba sobre tu morena tez. Devoraba con la mirada tu perfil que mantenía su atención sobre el camino.
Detuviste el coche donde no pudiera darnos el sol y así, sin más me acerqué a ti para probar tus labios… tus manos ávidas buscaron bajo mi blusa el broche del sostén.
¿Recuerdas que no pudiste quitármelo? Fui yo quien ingeniosamente me desafané de él frente a tus ojos. Un beso más y tus manos buscaron desabotonar un poco la blusa.
¿Sabes? Ya no podía evitarlo, por eso mis manos buscaron tu falo sobre el pantalón… quizá si hubiera sido más atrevida lo hubiera desabrochado para penetrarme, así, sin más, pero me detuvo el que pudieran vernos a pesar de estar en un lugar apartado.
Tus labios eran inquietos, se prendieron de mis labios, bajando al cuello y de ahí, aprovechando el escote, tomaste entre tus labios mis senos, uno a uno. Te veía succionar mi pezón y no podía evitar leves gemidos.
En tu mirada había picardía, misma que aprovechaste para pedirme me desabrochara el pantalón que llevaba. Me recosté en el asiento y sentí tu lengua sobre mi pubis, la succión de tus labios y  la búsqueda de mi clítoris para comerlo.
Tenía miedo de que nos vieran, lo que quizá aumentaba el placer que me provocabas.
Abriste tu pantalón dejando a la vista tu sexo erguido para penetrarme despacio… era tuya a cada instante y cómo deseaba gritarlo. No quería que te separaras de mí, pero mi boca se hacía agua y tú deseabas mis labios en tu falo.
Mi lengua descubrió el prepucio y en él lo que había quedado de mi humedad. Lentamente lo cubría con mis labios, intentaba comerte entero. Mi cabeza bajaba y subía; me deleitaba con tu salado sabor y con los leves gemidos que emitías.
Tus manos sobre mi cabeza marcaban el ritmo de mi boca, así, poco a poco aumentaba la intensidad en la succión en mis labios. Tu voz entrecortada pidiéndome comiera todo me avisó el orgasmo que tendrías; poco a poco tu semilla quedaba en mi boca y al sentir que se llenaba de ti, tragué todo, diseminándose tu sabor en mi garganta.
Después, una leve succión de mis labios, te hizo volver a gemir, quedando exhausto, con los ojos cerrados en el asiento.
Si pudieras saber, que no es sólo deseo el que me haces sentir, pues al verte así, mi corazón estallaba de ternura.
¿Qué importaba si nos habían visto? Había bebido de ti y eso me hacía esperar una nueva ocasión para tenerte entre mis brazos.

UNA NOCHE DE LLUVIA ~RELATO~

Posted on Updated on

En esta noche de lluvia mi cuerpo tibio se aproximaba al suyo.

-Acércate, muéstrame el cuerpo donde he de morir-, dijo a media voz en tanto comenzaba a temblar.

La leve promesa del placer hizo que la humedad iniciara, propagándose en la lencería que me cubría, al tiempo que la cordura me abandonaba por las ganas de mezclarme en su sudor y simiente. Ofrece su mano y yo, en tímido paso, me acerco más a él.

Con fuerza su mano rodea mi cintura, su boca deja un largo camino de besos en mi cuello para descubrir después lo que oculta el ligero sostén que aparta con premura. Sus manos apenas rozan mis pezones, su respiración se agita en conjunción con la mía, su deseo se traduce en volcánicas caricias que me hacen hervir en deseo.

Me lleva a la cama con lentitud, desprendiéndome a la última prenda que me cubría y frente a mí él se desviste, exponiendo ante mis ojos el falo erguido que ha de explorarme.

Siento la humedad que escurre entre mis piernas, humedad que se confunde con la de su lengua que violentamente se ha puesto a la conquista de mis labios. Mis piernas sobre sus hombros tiemblan ligeramente, de mi boca escapan gemidos leves de placer. Recorren sus manos cada porción de mi cuerpo y su boca provoca una mayor tempestad en la cual me hundo.

Te nombro, me nombras y dejamos de ser para convertirnos en una noche de lluvia, lluvia que amenaza con inundar nuestros cuerpos. Siento mi cuerpo vibrar y antes de emprender el vuelo al cielo, su boca se aleja de mí, para que reciba su sexo.

Nos convertimos en vaivén, danza suave que se realiza sobre la cama. Con fuerza sostiene mis caderas, explorando a mayor profundidad mi cuerpo. Pido más, estallando en placer. Mis contracciones lo elevan, provocando se derrame en mi interior.

Se vence sobre mi cuerpo, perlado en sudor. Escucho el latir punzante de los sentidos que se confunde con la lluvia en el exterior y me abrazo a su pecho.

Temo susurrar su nombre. Temo que parta y que termine olvidándome. Temo que la lluvia termine y salga por la puerta sin volver jamás.

Momentos de tranquilidad que se hacen pocos, pues sus manos acarician mi espalda. Con fuerza me sujeta y me abraza, colocándome sobre sí.

-Cabálgame-, pide mientras siento su falo nuevamente endurecido descubriendo de nueva cuenta mi interior.

Dicto el ritmo de los movimientos, lo cabalgo a profundidad, exponiéndome a la negra noche y a su tempestad. Mi cuerpo tiembla, de mi boca escapan palabras que apenas puedo pensar. Me hago presa del cazador, aunque pretendía no morir una vez más, no me contengo y entre sus manos caigo en espiral.

El placer me hace gritar. Sus manos ahora controlan mis caderas llevándome un poco más allá del límite y su voz se convierte en aullido al verterse otra vez.

Nuestras miradas se cruzan y me abraza con fuerza a su pecho llamándome suya. Suya he sido desde el momento

en que la lluvia comenzó en mi cuerpo, desde que la noche inició.

En silencio me aprieta a él. La noche termina y quizá con ella se acabe este placer, aunque con esperanza sueño que volverá una vez más a mí.

Cierro los ojos escuchando su latir y me sonrío al escuchar que conmigo se quedará.

UNA NOCHE DE LLUVIA ~POEROTIC~

Posted on Updated on

2 de julio 2015

Gabriel                                                                                                                                                                           Melina

@KuronoKai_                                                                                                                                               @DCapricornio_

En esta noche de lluvia siento tu cuerpo tibio aproximarse al mío.

Acércate, muéstrame el cuerpo donde he de morir.

Este cuerpo tiembla de sólo acercarse a ti, la humedad inicia

y yo pierdo la cordura por mezclarme en tu sudor y simiente.

Te atraigo a mí.

¿Qué palabras necesito si mis manos traducen la necesidad

que siento de sumergirme en el torrente que es tu humedad?

Ya te percibo y me vuelvo lluvia en esta noche.

Ríos de humedad corren a través de mis piernas.

Necesito de ti para contenerme.

No te contengas, llueve a mares sobre mí,

empápame con la humedad,

con el aroma que despide tu sexo.

Deléitame con el sabor de esta noche.

Esta noche quiero yacer en tu boca,

que el agua que brota de mí sea tu bebida favorita.

Llueve en mí, riégame con tu ser.

¿Podría contenerme?

Si necesito de tu lluvia para existir,

si mi lengua anhela tu sabor.

Ya preparo mis sentidos para probarte, noche mía.

Recorren tus manos cada porción de mi cuerpo

y tu boca provoca una tempestad.

Ya no hay lluvia, es una marea de deseo la que provocas.

En esa marea me hundo y pronto las voces se hacen gemidos.

Te nombro, me nombras y dejamos de ser

para convertirnos en noche de lluvia.

Lluvia que amenaza con inundar nuestros cuerpos,

las manos son ríos de agua que recorren tu morada

bajo la tersa oscuridad de la noche.

Nos convertimos en vaivén,

agua que dejó la lluvia sobre nuestros cuerpos.

Nuestros gritos pueblan la desierta noche.

Y haces de mí lo que deseas.

Soy agua en tus manos.

Agua que se evapora aunque la Luna domine nuestra noche.

Con fuerza sostengo tus caderas

y me desbordo en tu cuerpo inundado.

¡Bendita noche de lluvia que nos tiene aquí atados!

Vibro al sentir tu simiente conquistando tu interior.

Te llamo noche, pues lluvia he sido yo.

Desfallezco a tu lado.

Escucho el latir punzante de los sentidos

que se confunde con la lluvia

y me abrazo a tu noche para no olvidarte.

Me abrazo a tu pecho.

Temo susurrar tu nombre,

aunque “Noche” ya te he llamado,

pues al acabar la lluvia, tal vez te irás.

Mujer de una noche de lluvia,

no me contento con una vez

y ya mis deseos punzan en mi carne.

Ven a contenerlos, cede otra vez.

Comienzan tus manos a descubrir nuevos senderos.

Noche de conquistas, lluvia que arrecia otra vez mojando la cama.

Ven, apacigua al bronco corcel en que me conviertes.

Amazona, cabálgame hasta el amanecer,

que esta lluvia no te detenga.

Mójate otra vez.

Dicto el ritmo de tus pasos, cabalgo a profundidad,

exponiéndome a la negra noche y a su tempestad.

Un poco más y me llevas a la gloria.

¿Qué es el cielo sino esta noche de lluvia?

Mis uñas marcan su territorio al morir mi cuerpo entre tus manos.

Abrázame Noche y lléname de tu lluvia.

Clamo tu cuerpo como mío,

te dejo el alma para venerarla con mis manos otra noche de lluvia.

Tuya me dices…

Tuya he sido desde el momento

en que la lluvia comenzó en mi cuerpo.

Tuya soy desde que la noche inició.

Robaré tu aliento una vez más,

quizá la última o la primera

de otras tantas noches más.

Bajo la lluvia caminaré llevándote en mi memoria.

Volverás a mí,

porque mi lluvia satisfizo tu deseo,

porque mi negra noche se confundió con el vaivén de tus caderas.

Cuando caiga la lluvia, volveré a la noche.

Llevo tu humedad y tú las marcas que he dejado en tu cuerpo.

SUDOR

Posted on

“El espejo me devolvía nuestro reflejo. Él abrazaba mi cintura mientras su boca recorría mi cuello, yo le sonreía al espejo al sentir las mariposas que revoloteaban en todo mi cuerpo, sentía el calor de su piel y las ganas se apoderaban cada vez más de mí.

Con pronto inquietud, él comenzó a desabotonar el vestido que llevaba y tras hacerlo, me llevó a la cama. Sus dedos suavemente recorrieron mis brazos, mis piernas, mis senos, hasta llegar a mi vientre. Lentamente quitó la lencería que aún me cubría; sus labios siguieron lo hecho por sus dedos, dejando un rastro ligeramente húmero en mi piel.

Al llegar al vientre, clavó su mirada en la mía y poco a poco su boca se dirigió a mi cadera donde volcó toda su atención. Su lengua bajaba y subía provocándome espasmos de delicioso placer. De pronto, mis piernas se elevaron sobre sus hombros y así sentí la proximidad de su sexo contra el mío.

Lentamente, centímetro a centímetro, me sentí invadida por él.. El movimiento de sus caderas fue lento hasta encontrarse totalmente dentro de mí y después, la danza que hacía era parsimoniosa, provocándome aún más con su lengua que buscaba la mía dentro de mi boca.

Me sumí en las sensaciones que me producía, sintiéndome compenetrada con él, satisfecha con cada movimiento. Sentí entonces los indicios de un orgasmo que se aproximaba, mi cuerpo se tensaba y los gemidos de él en mi oído eran cada vez más fuertes.

Súbitamente, el teléfono de la habitación sonó…”

Dos, tres timbrazos, que me hicieron despertar de la maravillosa fantasía que estaba teniendo y me descubrí frente a la mesa sobre la cual se enfriaba el café que había pedido. Mi celular no dejaba de vibrar pues estaba recibiendo algunos mensajes.

No podré ir.

Me han cambiado los planes.

Te veré cuando regrese.

Un abrazo.

Al ver los mensajes sonreí. No había necesidad de contestarlos. Pagué la cuenta y tras salir del restaurante borré su número de teléfono y me dirigí a casa, satisfecha por la tarde que había transcurrido en mi fantasía en sus brazos, pues era la mejor despedida que le habría podido dar.

ES UNA CITA

Posted on Updated on

“Es una cita”, se decía ella cada que veía el reloj y sabía que exactamente a las tres diez de la tarde debía abandonar su escritorio y dirigirse al elevador para abandonar el edificio e ir a comer. Se acercó sonriente donde él ya estaba frente al elevador. No la miró. No era necesario.

En cuanto sonó el timbre entraron al pequeño lugar. El viaje de un minuto hacia la planta baja iniciaba con una leve caricia de la mano de él desde el hombro desnudo al codo. Apenas si rozaba su piel, pero el contacto era electrizante. Un leve gemido de ella era toda la respuesta que obtenía, ya se verían en una hora exacta para regresar a su escritorio.

A las cuatro con diez minutos se veían de nueva cuenta frente al elevador. Esta vez, era el turno de ella. Se acercaba a él como si quisiera fundirse en su piel y su boca entreabierta marcaba un lento camino sobre el cuello.

Una sonrisa era la despedida. Ya se verían un par de horas después, cuando la jornada laboral hubiere terminado.

De regreso al elevador, él la arrinconaba contra la pared y sus manos seguras, marcaban la silueta femenina que no se oponía al leve roce de aquellos dedos.

-Ya será mañana-, siempre decía él.

Ella sonreía asintiendo, sabiendo que él no pasaría a más y que así no podría decepcionarse nunca de él.