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ALÉJATE

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No te atrevas, de verdad no te atrevas a acercarte que mis labios buscan las mieles de tu ser.

Mis manos irían a ti como a un imán del que no pueden escapar.

Y mi pensamiento se aturdiría al grado de no saber más de mí.

Por piedad, no te acerques, que mi corazón martillea con fuerza mi pecho, que brotan manantiales incontenibles entre mis piernas y mi voz sólo se deja escuchar con tu nombre.

Anda, aléjate de mí, dime que no me has amado, que he sido un capricho en tu vida y así, quizá así, podría olvidarte.

ERA EL REY MIDAS

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Cuando todo lo que tocaba era oro, cuando me enseñaba las maravillas del mundo a través del color de su mirada, cuando colgaba la Luna de sus labios y sólo quería besarlos desde el amanecer hasta que el sol volviera a aparecer, cuando de su boca surgían palabras nuevas, cuando planeábamos conquistar nuestros cuerpos, cuando todo eso se mantenía vibrante en mi mente, sonreía enamorada.

Pero descubrí que el oro era papel dorado, que el mundo era pequeñito en su mirar, que sus labios son buenos besando pero sus manos me dejan con sed y que en su boca cada vez hay más silencios, que he conquistado ya su cuerpo y me sé el campo de batalla, y entonces, puedo decir que lo descubrí como realmente es y que él no es Midas y yo soy sólo viento que arrasaría con su cuerpo y su pequeño mundo.

ESTA NOCHE

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Esta noche escribo por rebeldía, así sin más, con las ganas de desobedecer las absurdas manías o el ego de alguien más, por darme un gusto y hacerle un reproche al deber.

Esta noche, quiero hablar de mí, como si nunca lo hiciera, como si nunca, en cada palabra dulce disfrazara una amarga verdad o en una frase de ilusión, dejara velada una esquirla de cruel realidad y pocos sabrán entender que bajo la descripción de un amor de ensueño yacen las ganas de morder la almohada entre sudores, estertores y gemidos.

Me gustan las apariencias que engañan, lo he dicho una y otra vez.

Puedo o no ser la princesa dulce del cuento, pero la verdad se esconde entre cuatro paredes y quizá ni siquiera en un espacio tan gigantesco, sino en la profundidad de mi pensamiento.

La melancolía puede invadir cada una de mis letras, pero en el fondo, sería el hastío o el cansancio que me obligan a escribir así; puedo describir un beso, un puro y casto beso, cuando en realidad he pensado en el más negro de ellos.

Y no, no digan que pueden conocerme, creo que sólo aquél que me mira a los ojos, que ha visto lo que mi mirada dice, puede saber.

Y ahora justamente, pienso en ti, porque no sé si yo soy quien se ha atado a ti para tenerte, para beber de tus labios cada día, para disfrutar de tus palabras, de tus hechos, de tu tacto; o has sido tú quien se ha abrazado a mí…

Algún día me leerás y como muchas personas más no podrás entender nada, quizá tan sólo un poco de lo que son mis manías, mis locuras y mis desvelos, cuando lo hagas, dímelo, porque por ahora tu opinión es una de las que más me importan.

INSOMNIOS

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Somos de esos insomnios que se consumen ante una hoja blanca,

con las volutas de un cigarrillo que vuelan hacia la Luna.

Somos de esos insomnios que son eternos cómplices de un amor no correspondido,

que dejamos crecer las noches de historias imaginarias en unos brazos que no nos tocarán,

y que sucumbirán ante el fragor de la derrota previamente anunciada.

Somos de esos insomnios que tienen máscaras,

que ocultan su verdad,

justo ahí, donde nadie puede tocarla,

donde el corazón no se lastima y late brioso,

donde nadie corrompe la frágil ilusión de un amor sin dueño.

Somos de esos insomnios que se conocen más de la cuenta

que ya saben para donde van de antemano,

que no hay mucha sorpresa en el camino previsto,

pero que esperan, más, no siempre desean,

la respuesta que tendrán.

Somos de esos insomnios poco entendidos que se consuelan con el amor propio,

mal, mal amor propio que nos lastima y place al mismo tiempo,

pero somos de esos amores que quizá se olvidan,

que quizá nunca se nombran,

que quizá nunca se sepan,

pero que laten con fuerza

hasta decir adiós,

el adiós que siempre ha de llegar.

Y EN TU AUSENCIA

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Quizá se te olvidó un poquito de amor en algún lugar, así que me ocupé de ordenar la casa.
Revisé cada uno de los libros que leías, pero no encontré nada que pudiera servirme, tan sólo el frío de unas letras que me decían que te extrañaba.
Lo siento, me abracé a un jersey que olvidaste en un rincón, llenándolo con mis lágrimas, dejando las marcas de mis noches sin dormir, pero tampoco encontré en él el amor que me hacías sentir.
Las espinas del rosal, incluso se han clavado en mis manos. La torpeza de mí se adueña, pero es porque no te tengo aquí.

AL AMOR QUE FUE

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Sé que me has olvidado,

que mi nombre en tus labios ya es pasado,

que el te amo a alguien más es dedicado.

Si, sé que ya no recuerdas mis manos,

mucho menos el cuarto en el que nos amamos,

tampoco los besos que en tu piel dejé impregnados.

Y no, no vengo a reclamar tu olvido,

al pasado nunca hay que dejarlo vivo,

aunque yo muera, sé que he vivido.

Si, he vivido en tu sonrisa,

en las caricias de la brisa,

en el día a día que me dabas sin prisa.

Desde lejos te miraré

y para mis adentros diré:

muere contigo quien el amor fue.

SIN CANDADOS

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Le veo encadenado. Sus tobillos macerados por las pesadas cadenas apenas podían sostenerlo. ¿Cómo curarle aquéllas heridas si él mismo había decidido mantenerse en esa prisión?
La puerta se encontraba sin candado, las llaves de sus cadenas yacían a su lado, pero él no quería escapar.
La culpa de una muerte le tenía bajo esa penitencia autoimpuesta.
Mi llamado era en vano, él prefería mantenerse en la oscuridad, muriendo poco a poco.
¡Oh, amado mío! ¿Acaso no ves que esta condena la cargamos ambos sin que lo veas?
Mi corazón muere a su lado y su culpa lo estará enterrando.