Memento mori

Harseisis I

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“En el espacio nadie puede oír tus gritos”… con esta frase tomada de una película que recuerdo haber visto en mi más tierna infancia, quiero iniciar la última entrada de mi bitácora.

¿Fecha? ¿Hora? Sólo diré que es algún día del 2023; soy de esos infortunados que no saben la hora en que morirán, pero el destino es el mismos, así que, ¿qué mas da?

Tripulación… uno, Comandante Josh Hendricks, hasta este momento,único sobreviviente de la USS…

Jamás fui un hombre de fe y ahora lo digo con certeza, no lo soy.Para mí, Dios era una cruz que pendía de una pared de la sala de mis padres, que no impedía que mi madre terminaba contando sus dientes en el suelo, cada que mi padre llegaba con una copa de más.

Esa fue la primera causa para enlistarme en la Fuerza Aérea en cuanto pude salir de casa y la segunda para aceptar esta misión; la primera, fue una mujer cuyo cuerpo…

Nunca creí en Dios, más en estos instantes me hace falta, para negar rotundamente lo que mis ojos vieron.

Hace seis meses la nave USS…, gemela de la nuestra, fue enviada en una misión enteramente científica a  la región Delporte-Izsa en la cara oculta de la Luna. Ya había oído hablar de este lugar hace años, cuando un chiflado había lanzado unos vídeos en internet que habían sido como pan caliente para los ufólogos.

Tras dos meses de arduo trabajo científico, se perdió contacto con la nave; y ahí, entramos nosotros, como bateadores emergentes. Nuestro hit sería regresar a casa sanos y salvos a una tripulación de 10 personas.

¿Por qué la habrán puesto en mi tripulación?

Capitán Irina Harseisis… ése es su nombre. El primer motivo para aceptar esta misión. Ella estaba al frente de la sección científica de mi tripulación, conformada por 7 personas. Cuatro militares, expertos en aeronáutica nos encargaríamos de toda la travesía y ella, al frente de dos personas más, se encargarían de la investigación y en su caso,la recuperación de las muestras que la USS… debió llevar a casa.

Me faltarían palabras para describir lo que encontramos al alunizar. Conforme a los últimos datos, alunizaríamos en un valle, a dos kilómetros de donde se encontraba la USS…, sin embargo, tres kilómetros más allá se encontraba una réplica casi exacta de la Pirámide de Gizah. Casi exacta, de no ser por su tamaño y el color de su recubrimiento: negro.

Tras intentar realizar contacto a través de todos los medios de comunicación, decidimos realizar una visita a nuestra nave gemela. El interior de la nave se encontraba en pleno funcionamiento, sin evidencia alguna de algún hecho violento.

No había más, era necesario acercarse a aquélla enigmática pirámide. Fueron 24 horas de exploración perimetral, para asegurarnos de que el equipo que entraría, estaría sin amenaza exterior.

Irina, Ramírez, Williams y yo, tras analizar la documentación enviada por la base, nos adentramos en la pirámide.

Pasillos, pinturas, escalones, todo era tal cual en Gizah, con dos únicas excepciones; ésta pirámide se encontraba en mejores condiciones y en lugar de sarcófago en su interior, se encontraba un pasaje a una estructura inferior.

Pronto nos encontramos en una gran caverna en cuyo centro se encontraba una nave espacial, aparentemente olvidada en el tiempo.

Al poco de este descubrimiento y al entender que no estábamos listos para algo así, volvimos a la nave para enviar toda la información y reportes correspondientes.

Tras esto, nuestras órdenes fueron ingresar a esa nave dos días después. Ojalá no hubiera cumplido con ellas. Ya había sido suficiente de tanta porquería al no encontrar a nuestros soldados.

Sin embargo, la amenaza de quitarme una pensión decente, me hizo decidirme… ello y los súbitos terrores nocturnos de Irina.

La médico a bordo recetó a la Capitán con barbitúricos que no hacían efecto en lo absoluto. Al principio, la encontraba deambulando por la nave, con la mirada perdida en el horizonte, después, iniciaron esos cánticos en un lenguaje, a mis oídos, incomprensible.