Rosa

Náufragos

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La lluvia caía sin respeto alguno sobre los transeúntes; hasta la Luna se había escondido para no observar los cabellos mojados y la ropa hecha sopa de todos los infortunados que se habían aventurado a la tranquila noche.

Ella, con un tono rojo en las mejillas por la vergüenza de saberse con un no poco agraciado aspecto debido a la lluvia, le daba al hostess su impermeable que goteaba llenando de agua todo a su paso.

Tomó una de las últimas mesas en el bar y pidió una copa. Las llamas de la chimenea crepitaban con un alegre tono anaranjado dando a las caras del casi vacío lugar un tono algo siniestro.

Él entraba al lugar, asegurándose para sí mismo que aunque se encontraba mojado, la lluvia era lo mejor que pudiera pasarle. Echó una mirada al lugar y encontró a la vecina que había entrado previamente: cabello y zapatos mojados, pelo revuelto y señales de pasar frío dado que se encontraba cerca de la chimenea.

Pronto, la mirada de ambos se cruzó y el lugar se hizo aún más pequeño. No era necesario hablar; una sonrisa mutua dijo lo que ambos parecían entender, pese a no descubrir el mensaje que habían enviado.

Era una complicidad mutua que elevaba el color en las mejillas, los pensamientos de ambos iban desde el más simple “hola” hasta una tórrida noche en un hotel de paso. Se desnudaron e hicieron el amor con la mirada, se supieron uno del otro sin rozarse la piel, pero así, tal cual llegaron, tuvieron que partir,  sin hablar, sin despedirse y sin saber si eso que “sucedió” podría hacerse realidad, siendo náufragos en su soledad.

El último latido

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Ahí estaba, abriéndose el pecho para entregarle su corazón.

Ya era lo último que le quedaba. Le había dado su tiempo, su aliento, cobijo, todo lo que un ser humano podía dar.

Sólo restaba su corazón tibio, palpitando, lleno de vida, por eso se abría el pecho, pues ya no quedaba más.

Le habían quitado todo a fuerza de mentiras, de chismes, y a él le había dado todo lo suyo.

La vida, la vida ya no tenía sentido, sólo quedaba esperar, esperar ese último momento en que su corazón dejara de latir, por ello lo entregaba.

Así sabía que al menos el último latido quedaba en manos de alguien que amaba.

Un vacío

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“Hay besos que se quedan en el tintero, esperando el momento ideal de ser escrito en unos labios…”

Dio un sorbo a su copa y dejó de lado lo que escribía.

Era uno de esos instantes en los que no sabía si sentía todo o un vacío se apoderaba de ella.

Un vacío de esos que son como una ventana abierta, que dejan entrar la nada como un suave viento, que, como brisa matinal va inundando la habitación.

Quizá tan lejana o cercana a sus propios sentimientos; un estado en el que no podría saber qué sentía.

Inhaló y exhaló con fuerza.

Otro día más en que las letras no fluirían; otro día más en el que se tumbaría a ver el Sol perderse tras los rascacielos…

 

De esos vicios

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Tú eres de esos vicios que ponen en riesgo la salud.

Hace tiempo que deseaba tu piel contra mi piel, tu aliento robándome el mío.

Me robaste un pedacito del corazón y así como los vicios, quería más de ti:

Un hola, un hasta luego, un beso, un abrazo…

Hasta que descubrí que mi adicción me enfermaba.

Así son los vicios, como tú, que mientras más los satisfaces más en vida mueres.

 

Esperanza

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Quisiera no perder la esperanza para seguir esperándote.

Hay errores

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Hay errores que se saben aún sin cometerse, pero tú eres de esos que se cometen aún sabiéndolos y se dejan crecer y crecer hasta que es necesario arrancar el corazón para poder mejorar.

Dicen…

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Dicen que me he engreido,

dicen que sólo sé de tu boca,

de las noches que tocamos la Luna,

que sólo escucho tu voz.

Dicen que ya no soy de mí,

que mis manos no son mías,

sino tuyas,

porque al vuelo de gaviota,

deja suspiros en la boca,

desgrana las ganas en pequeñas hebras,

que parecen estrellitas que escapan con un gritito,

de esos que se confunden con gemidos,

y que llevan tu nombre.

Dicen que cambié,

que en mis ojos te notas,

que tengo zapatillas de nube,

como alas en la espalda.

Porque vuelo al sentirte cerca,

al no olvidarte, al saberte… al recordarte.