Rosa

Posesión

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-¿Por qué todo tiene que ser poseer? ¿Por qué debo sentir deseo cuando tú lo sientes y sentirme satisfecha sólo con eso?

-¿Acaso no has sentido con alguien más las ganas de dejar la piel en la cama?

-¿Y eso es todo? – lo observé con triste derrota. – ¿Nada más deseas que corresponda a tus ganas?

-Deseo que te excites como yo contigo.

Me quedé sin palabras. Amar el cuerpo no era todo lo que anhelaba. Eso es tan fácil. Yo quería más: aprender, crecer, vivir y esa situación hacía que me sentiera asfixiada.

Era sólo un cuerpo que daba placer y en el fondo yo seguía esperando a aquél que me enseñara que hay más, mucho más que una vida de deseo.

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No hay nadie más…

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-No hay nadie más con quien mi soledad se complemente, le dije tan cerca de su mejilla que terminé plantándole un beso.

Le había encontrado por casualidad, así como empiezan esas relaciones bonitas que te comen el alma.

Al principio me daba terror acercarme a él  pues no sabía qué podía interesarle a esa clase de hombre.

Pero debo decir también, que desde el primer momento hubo algo que me gustó y hasta la fecha, no sé qué es.

Fue como una explosión de dinamita, tan frágil era cuando me acercaba a él, mis sentimientos hervían y callaba hondo, tan hondo, que hubiera cambiado mi vida tan sólo por estar con él.

Sólo que la cordura llega, ¿no es verdad? Llega a fuerza de desaires y contrariedades.

Y ahora, sé que no cambiaría mi mundo por él, ni el cambiaría el suyo por mí, simplemente decidimos compartir soledades y por ello, únicamente por ello soy feliz el tiempo que esté conmigo.

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Sé que es una responsabilidad, decirte que te quiero de la forma en que lo hago.

Quisiera no quererte, pero no puedo.

Te quiero tanto, tanto, amor.

Cordura

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¿Cómo explicar lo que me sucedió en cuanto te vi?

Creo que la única forma de llamarlo es locura.

Me enamoré de ti con sublime locura.

Era de esa locura en la que se sueña con una casa para dos y un bello jardín.

Sólo que, poco a poco volvió la cordura, cuando notaba que me dejabas olvidada, cuando no había tiempo para mí.

Se debe amar al otro como es, pero no al grado de perder el amor propio.

A pesar de todo, me sé loca, muy loca por ti…

 

Olvidarte

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Para poder olvidarte, claro, si eso se puede hacer en unas horas, he tenido que lanzarme de lleno a los recuerdos y borrar cada verso que escribí con la piel enardecida por tus besos.

No se puede olvidar así como así, pero lo intento.

El éxodo

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A ti, mi oscura memoria.

-No me juzgues. Yo crecí así, creyendo que este mundo,- hizo una pausa para exhalar-. ¿Acaso jamás odiaste a tus congéneres? Yo si. No voy a explicarte las causas. Es obvio que llevé esa emoción más allá de lo que debí… y lo lamento. Ni siquiera yo sabía quién era. Pero, intenté arreglarlo, ¡mira!, -dijo señalando un pequeño broche en el que había varios objetos que eran especiales para ella-. Espero aún pueda cambiarlo…

Suspiró y se sentó frente al televisor. En la enorme pantalla plana de sesenta pulgadas se observaba en todo su esplendor el más grande éxodo tras el que había encabezado Moisés. En los diversos puntos alrededor del planeta donde habían bases de lanzamiento se había arremolinado la gente, mareas de todos los colores se encontraban alrededor de las rejas, que amenazaban con venir abajo… y así fue, en cada base las rejas cedían bajo el peso de las masas que intentaban con hacerse un lugar en cualquier nave espacial. Policías o ejércitos, sin pena ni gloria intentaban contener la desesperación, sin mucho éxito, por supuesto.

Observé su cuello desnudo, mientras escuchaba por décima ocasión la explicación sobre la catástrofe que nos acabaría en poco tiempo:

Un enorme objeto espacial, un planetoide para ser exactos, hasta apenas descubierto, había afectado la trayectoria de traslación de la Tierra. Por suerte, el objeto era pequeño y su materia convenientemente propicia, porque sólo nos había movido. ¡Pudimos haber sido convertidos en polvo! El efecto inmediato se había producido en el clima, seguido de varios terremotos, maremotos, varias ciudades alrededor del mundo habían quedado devastadas. Los sistemas de emergencia no se daban abasto y se advertía que los cambios se agravarían día tras día. 

La ONU de forma inmediata había convocado a sus integrantes, poniéndose de acuerdo en que el planeta debía ser evacuado, el destino: la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, no todos los habitantes de nuestro planeta podrían huir. Conforme a planes previamente diseñados, una especie de rifa emitía cada día el nombre de los afortunados.

Por supuesto, no era algo que agradara a los millones que se quedarían en el planeta que avanzaba cada minuto, fuera de su trayectoria normal. Yo miraba con frustración o tristeza su espalda, ni yo mismo sabía que emoción me hacía tener.

Con escepticismo había visto cada maldito documental donde hablaban de seres como ella. Y sin embargo, a pesar de tenerla frente a mi no podía creerlo. ¿Ella era capaz de eso? ¿Por qué? Y los demás que eran como ella, ¿dónde estaban?

La señora de la transgresión, de la redención, eso era ella.

-¡Oh! ¿Lo ves?- dijo señalando la pantalla- Pensé que era la única. ¡Míralo!

Observé el monitor de nueva cuenta. En la pantalla, tras la reportera que hablaba con angustia se encontraba un hombre de melena larga y negra, que miraba con tranquilidad no a los miles de asustados que se encontraban a las afueras de un supermercado en el centro de la ciudad, sino directo a la cámara.

Sin darme tiempo a comprender, tomó su bolsa, las llaves del auto y salió de la casa dando un portazo y yo me quedé ahí, frente a cada escena que se transmitía esperando que ocurriera algo que cambiase el irremediable destino que nos esperaba.

Con la colaboración de Stormbound @ignemaeternum

Intentos

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Intenté llegar a ti, tocar tu alma.

Intenté amarte como nadie lo hubiera hecho, hacerte sentir feliz, acompañado.

Intenté que confiaras en mí, que me escucharas.

Traté con todas mis fuerzas de no olvidarte, de aferrarme a ti, de sentirte a pesar de la distancia y del tiempo…

Pero no lo logré, pues de intentos está hecho el camino al fracaso, y así me convertí en sólo una mujer más en tu vida.